Mordiéndose la cola

MonterrosoLAS DOS COLAS, O EL FILOSOFO ECLÉCTICO

«Cuenta la leyenda que en el populoso mercado de una antigua ciudad se paseaba todas las mañanas un filósofo ecléctico, célebre observador de la Naturaleza, a quienes muchos se acercaban para exponerle los más peregrinos conflictos y dudas.

Cierta vez que un Perro daba vueltas sobre sí mismo mordiéndose la cola ante la risa de los niños que lo rodeaban, varios preocupados mercaderes preguntaron al filósofo a qué podía obedecer todo aquel movimiento, y que si no sería algún funesto presagio.

El filósofo les explicó que al morderse la cola el Perro trataba tan sólo de quitarse las Pulgas.

Con esto, la curiosidad general quedó satisfecha y la gente se retiró tranquila.

En otra ocasión, un domador de Serpientes exhibía varias en un canasto, entre las cuales una se mordía la cola, lo que provocaba la seriedad de los niños y las risas de los adultos.

Cuando los niños preguntaron al filósofo a qué podía deberse aquello, él les respondió que la Serpiente que se muerde la cola representa el Infinito y el Eterno Retorno de personas, hechos y cosas, y que esto quieren decir las Serpientes cuando se muerden la cola.

También en esta oportunidad la gente se retiró satisfecha e igualmente tranquila».

Augusto Monterroso. La Oveja negra y demás fábulas. Anagrama. Barcelona, 1983.

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  1. Chef, chef, chef, chef.
    Lo que significa que las personas lo único que necesitamos para estar tranquilas es una explicación de lo que ocurre, de por qué suceden las cosas. Sea cual sea la explicación.
    Y por eso nos va como nos va desde el principio de los tiempos:
    -¿Por qué corre todo el mundo?
    + Porque vienen los albanocosovares (¿esto va con v?) a pasarnos a todos a cuchillo
    – Ah
    ———————
    – ¿Por qué se ha pegado fuego ese delante del ayuntamiento?
    + Porque estaba desesperado, ya no tenía nada de qué vivir ni para mantener a su familia.
    -Ah.
    ————————–
    De todas maneras, Gaia ya hace algún tiempo que inició la cuenta atrás para nuestra extinción. Y esta explicación, debería dejarnos tranquilos.
    (Oigan, esto era solo para romper el hielo, que se respira cierto aire de desubicación general como si la cosa no fuese con nosotros, y les recuerdo que estamos perdidos por el espacio. ¿A qué tantos remilgos?.)

  2. Y en otra ocasión vieron que de una zarza que ardía en mitad del desierto surgía Elvis Presley y, sin que nadie le preguntara, la novia del filósofo, que estaba por allí con su grupo grabando un videoclip subvencionado, dijo que no era Elvis sino el Sr. Verle disfrazado, que venía a la Tierra a llevarse la esfera del conocimiento dialéctico perfecto, tan desaprovechada por los hombres. Y en en esa oportunidad la gente se retiró perpleja, pero igualmente tranquila.

  3. Ya está Calaza tocándonos las narices. Con lo feliz que es uno con sus acendrados conocimientos.

    De herencias y rescates
    Juan José R. Calaza

    Hay pocas afirmaciones cuya veracidad sea en general incuestionable. Por ejemplo, es common knowledge pero no generalmente cierto que los ángulos de un triángulo suman ciento ochenta grados. Es cierto en el plano cartesiano, pero en una esfera suman más de ciento ochenta, menos en una silla de montar. Por tanto, la veracidad de la afirmación, “los ángulos de un triángulo suman ciento ochenta grados”, depende crucialmente de ciertas hipótesis y de la convención implícita que nos referimos al plano cartesiano. MAS

  4. TALENTO. También se muestra en saber elegir qué se debe leer e identificarse con lo que se lee. Así, poniéndolo en lo suyo, AE, ya como propio más que como compartido. [Por supuesto, hoy, de acuerdo con todo y desde la primera a la última letra de lo transcrito].

  5. Belaborda | 26 enero, 2013 en 12:36

    No hay Carta Magna en el mundo democrático que garantice trabajo a sus ciudadanos. Lo que garantiza cualquier Constitución democrática es el derecho a trabajar, que es cosa bastante distinta por más que haya quien parece no entenderlo.

    Belaborda, eso que dice usted puede significar:

    Que la Constitución no prohibe trabajar. En este caso no debería hablarse de derecho sino de permiso.

    Que la Constitución no obliga a trabajar (en realidad sí obliga, pero eso es impertinente ahora). Se entiende que tampoco lo prohíbe, por lo que nos encontramos de nuevo ante un permiso.

    Que -es la lectura más probable a la vez que la más rara- la Constitución garantiza que el que tenga derecho a trabajar tendrá ese derecho. Ahora bien, tener derecho a tener un derecho no añade nada a tener este derecho.

    El verbo ‘garantizar’ no tiene el mismo significado todas las veces que aparece en la Constitución, aunque, cada vez que lo hace, el contexto evita la ambigüedad.

    A veces, garantizar un derecho significa conceder, o reconocer, ese derecho. Es una forma rara de expresarse, pero se entiende.

    Otras veces, las más, garantizar un derecho significa poner los medios que permitan que se materialice. En esos casos la Constitución suele indicar quién es el garante de dicha realización: los poderes públicos.

    Y otras, otras.

  6. No sé si el derecho de los presos españoles “a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social” quiere decir que la autoridad penitenciaria debe darle trabajo y pagarle por él, o que los presos tienen derecho a que esa autoridad les pague por su trabajo.

  7. “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo”. Puro bananerismo.

  8. “Todos los españoles tienen el deber de trabajar.” Esta barbaridad dice la Constitución, en vez de conformarse con decir que todos los españoles tienen el deber de trabajar en el trabajo.

  9. Ya. Los casi seis millones de parados que parece ser hay ahora mismo en España es algo inconstitucional ¡Acabáramos! Un recurso al tribunal ad hoc y punto.

  10. Leo en la Constitución cosas como que la Constitución garantiza, reconoce, respeta, promueve. Eso deberían decirlo sus comentaristas, una vez que ya ésta escrita; no, ella misma y encima cuando aún no ha nacido del todo.

    Se prohíbe mentir delante de otros (sí). Esta ley prohíbe mentir delante de otros (no).

  11. Sencillo homenaje a Monterroso: “Cuando despertó, Belaborda todavía estaba allí.”

  12. > ”No hay Carta Magna en el mundo democrático que garantice, por ejemplo, trabajo a sus ciudadanos. Únicamente en un Estado totalitario podría hacerse y hasta se ha hecho. Lo que garantiza cualquier Constitución democrática, y no como si fuese una carta a los Reyes Magos, es el derecho a trabajar, que es cosa bastante distinta por más que haya quien parece no entenderlo.’
    *
    GK, así es como escribí y como aparece en comentarios de la entrada de ayer el mío de las 12:36 y no como lo ha transcrito. Con mínimas diferencias, pero significativas; que no las puse por ponerlas.

  13. Belaborda, no me atribuya lo que no he dicho. No tengo ni remota idea de en qué puede consistir ese derecho fundamental al trabajo; quizá, en un ejercicio de bananerismo constitucional.

  14. Belaborda, no dudo de que sea muy significativo para usted aquello de lo que prescindo, pero no lo es para mi propósito. No obstante le pido disculpas por no haber puesto puntos suspensivos entre corchetes donde me comía su texto, para que el lector quedara avisado de mi intervención. Lo corrijo así:

    ”No hay Carta Magna en el mundo democrático que garantice, por ejemplo, trabajo a sus ciudadanos […] Lo que garantiza cualquier Constitución democrática […] es el derecho a trabajar.”

  15. Gengis. Le pido disculpas porque no sé lo que ocurre con sus comentarios, que van directamente a la carpeta de spam, sin que haya ninguna instrucción que así lo indique. Intento evitarlo, pero no hay manera.

  16. Ese corte de pelo a lo marine no se yo si acaba de favorecerle PerroAntoine.

    He estado revisando videos de García Trevijano. Memoria portentosa a su edad e idealista hasta la tumba. Levanta el ánimo a cualquiera y te predispone a hacer una revolución o dos.

  17. Me entero, por la última película de Spielberg, de que en la época de Lincoln, hubo una gran polémica en Norteamérica sobre cuál era la naturaleza de la igualdad que se quería declarar: una igualdad fáctica, sustantiva, de la que nuestra razón nos da noticia, o una igualdad jurídica, procedimental, una especie de estipulación de la voluntad. En el primer caso se afirma que los hombres son iguales; en el segundo, que son iguales ante la ley al margen de sus diferencias.

    Es lógico que los jóvenes, cuya grosería los inclina sin más preámbulos hacia las soluciones radicales y definitivas e inhabilita para los apaños matizados y provisionales, se inclinen a favor de la primera. En cuanto a los que somos algo mayores, no nos debe asustar la posibilidad de ser confundidos con ellos si advertimos que no se ve cuál podría ser la razón de que todos los hombres sean tratados igualmente si no es por la creencia de que lo son.

    Visto que no nos arredra a algunos, aunque confiamos en que Dios no lo querrá, el riesgo de parecer jóvenes, toca ahora poner en evidencia las dificultades insalvables de cualquier empresa de definir la naturaleza humana de un modo relevante para el respeto con que se desea tratar a todos los hombres. No hay manera de saber qué es aquello que iguala a los hombres salvo su humanidad. Los hombres son iguales porque -habrá que redundar- son hombres. Cae por su propio peso que, si todos los hombres son iguales por ser hombres todos ellos, deberán ser tratados sin excepción humanamente.

    Y, por fin, coronada esta humanísima cima, sólo nos queda por saber en qué consiste ser humano, y, con la respuesta en la mano, quiénes son humanos.

  18. Se lo planteo de nuevo, Bela:

    Usted dice que, en la CE, garantizar un derecho, el del trabajo por ejemplo, no significa poner los medios para que ese derecho se materialice -en eso muchos estamos de acuerdo- sino asegurarse de que se dé ese derecho.

    A mí me parece que su lectura equivale, a su vez, a la afirmación de que la CE se compromete a que, si tenemos un derecho, lo tengamos.

    ¿Está de acuerdo con lo que he entendido? ¿En qué no lo está?

  19. Tengo que reconocer, a pesar de mi muy consolidado escepticismo sobre la necesidad de que se dé filosofía en el bachillerato, en nada mermado por el hecho de haber sido profesor de esa materia, que Montano, en su artículo en Jot Down sobre la progresiva desaparición de la misma, ha expresado de un modo certero el arrebato de feroz racionalidad por el que siempre, si el ministerio no lo impide, se dejarán llevar algunos adolescentes al entrar en contacto con ideas tan chocantes como son las filosóficas.


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