Fuera de Europa

westerman3De niño yo quería ser agrimensor. Me encantaban los agrimensores de nuestra calle, esos hombres enfundados en chalecos reflectantes anaranjados. Con sus prismáticos vigilaban los alrededores, por seguridad nada más: para cerciorarse de que todo era lo que parecía.

Tendría yo unos diez años. En el colegio nos enseñaban las capitales de Europa sobre un mapa mudo.

En cuanto el maestro Hulzebos desenrollaba el continente de hule como si de una persiana se tratara, sabíamos que había llegado el momento de hincar el codo. Con sus hombros cargados y sus torpes movimientos, el maestro descolgaba de un gancho el puntero, un grácil taco de billar con la punta envuelta en cinta de latón. A continuación, volviéndose hacia la clase, hacía salir a uno de nosotros.

Con el palo de madera tenías que señalar un punto en el mapa y preguntar a un compañero. Si éste no sabía la respuesta, contestabas tú mismo: «Atenas», «Reikiavik» o «Helsinki». En tales momentos yo sentía un hormigueo en los dedos. Eso de que los puntos se transformasen en sonidos extraños nada más rozarlos con el palo se me antojaba un acto de pura magia.

El mapa mudo de Europa en mi colegio estaba salpicado de signos rojos circunvalados en negro. Las ciudades de menos de un millón de habitantes se indicaban con circulitos del tamaño de una moneda de veinticinco céntimos de florín. Las ciudades de un millón de habitantes se indicaban con círculos del tamaño de un botón de abrigo. Y luego estaban las verdaderas metrópolis —París, Roma, Berlín—; en ellas había tal hervidero de gente que, según el maestro Hulzebos, si andabas solo por las calles, te perdías seguro. Las metrópolis, de más de un millón y medio de habitantes, se señalaban con unos cuadraditos.

De entre todos los cuadraditos había dos situados a un extremo del mapa que no teníamos que sabernos.

—Esas ciudades no pertenecen a Europa —nos dijo el maestro Hulzebos a modo de aclaración.

—Pero ¿cómo se llama ésta? —pregunté.

—Moscú.

Yo había oído hablar de Moscú. No entendía por qué esa ciudad no formaba parte de Europa.

—¿Y aquélla?

Con el extremo del puntero señalé un cuadradito perdido en el vacío más allá de Moscú. La idea de que existiera una ciudad de un millón y medio de habitantes en un lugar tan lejano me resultaba escalofriante.

—Gorki —respondió el maestro.

Toda la clase se echó a reír. ¡Gorki! Sonaba como una ciudad imaginaria o como el nombre de un planeta. Júpiter, Venus, Gorki. Intenté figurarme una postal que dijera «Saludos desde Gorki», pero no era fácil. ¿Qué podría escribir uno en una postal como ésa?

—Gorki es una ciudad cerrada —explicó el maestro Hulzebos—. Algunas personas son enviadas a Gorki como castigo y no vuelven nunca más.

Frank Westerman. Ingenieros del alma. Siruela, 2002.
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Reseña de Félix Romeo en Letras Libres.


  1. Reflexiono sobre el anticlericalismo de Blanco y Espada. Lo observo visceral, radicalizado, reivindicativo, quasi irracional. Hay curas y futbolistas porque los hombres nos procuramos consuelo para la vida terrenal y el mas allá. Algunos pocos, como ellos, no los necesitan. Pero no tienen suficiente con ser seres superiores, sino que necesitan restregarnoslo en la cara.

  2. Joder, pues va a ser que yo soy un Ser Superior. Para ser sincero siempre lo he sospechado. No admiro ni idolatro absoutamente a nadie, si acaso sólo a mis padres.

  3. Reflexiono sobre el papel de los enfermos mentales en la evolución y su labor dinamizadora en la sociedad. Esquizoides, bipolares, psicópatas y homosexuales (ahora excluidos de la categoría enfermedad) copan el mundo del arte, la ciencia, la empresa y las finanzas. En el siglo XXI, al menos en occidente, parecen haber abandonado el mundo de la política para dejarlo en manos de los mediocres o “normales”.

  4. Hoy sabemos, gracias a la ciencia, que las razas no existen, que la religión es un constructo humano, que hombres y mujeres apenas tenemos diferencias, que la llamada enfermedad mental es creativa, que los asesinos y los grandes malhechores son seres incapaces de controlar sus actos. Esto supone un cambio de paradigma sin precedentes que estamos comenzando a metabolizar.

  5. Este fin de semana he estado con una antigua novia. Al verla, volví al pasado: parecía que no había pasado ni un minuto desde que nos separamos en un aeropuerto. Fue entonces una ruptura terrible. Hoy sé que siempre la querré.

  6. De leerles como que me está doliendo el alma o el hígado, o bazo, páncreas o yo que sé que soy así de sensible. Serán los humores que no rezuman por dónde deben

  7. Creo que se debe mirar a Céline con una visión mas integral, no la puramente literaria. Todas las contradicciones del siglo XX en Francia se reflejan en la obra de Louis Ferdinand: la Gran guerra, el antisemitismo, la Segunda guerra mundial y la persecución de los colaboracionistas. Distingo tres grandes grupos en su obra:
    1. Los panfletos
    2. Autobiografía (Muerte y el Viaje por este orden)
    3. La Trilogía
    Quizás puedan obviarse los panfletos, pero la Trilogía, especialmente “Norte”, es fundamental. Se trata de la Odisea del siglo XX, una obra maestra absoluta de la literatura universal.

  8. Céline, Gomez, siempre fue un provocador y un autor que se descubre de joven y se regrsa a sus páginas en una edad madura con el mismo entusiasmo virgen aun después de saber tanto de él y su (supuesto o no) colaboracionismo nazi. No cansa, no me cansa su Viaje al fin de la noche

    Eso es todo lo que has conservado de la vida. Esa pequeña pena tan atroz, el resto lo has vomitado más o menos a lo largo del camino, con muchos esfuerzos y tristeza. Ya no eres sino un viejo reverbero de recuerdos en la esquina de una calle por la que ya no pasa casi nadie

    Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón

  9. El género éste de las antiguas novias, novietas, ligues, fletes y refletes, parece que sustituye al antiguo oficio de contar la puta mili. Al menos resulta más entretenido que leer sobre el sargento Arensibia.

  10. Supongo, marqués, que como médico le habrá resultado interesante la “tristísima” -el adjetivo es del propio Céline- biografía de Philippe Ignace Semmelweis, el padre de la asepsia clínica y “Salvador de las Madres” que probó su propia teoría por medio del suicidio.

    Siempre he pensando que en realidad Céline, más que sobre Semmelweis, estaba escribiendo acerca de sí mismo:

    “El hombre termina donde comienza el loco, el animal está por encima suyo y hasta la última de las serpientes colea al menos como lo hacía su padre.

    Semmelweis estaba aún más abajo que todo eso, era un incapacitado entre los locos, más podrido que un muerto.”

  11. Me sorprende PerroAntoine, que nadie le haya comentado nada sobre ese inquietante ojo observador que aparece últimamente. La Bella Tare diría que da susto.

  12. ¿Va a escribir una novela usurpando nuestras vidas interneteras? yo le cedería los derechos gustoso tras amable pero inflexible negociación.

  13. Kenzo; el marqués es un troll y Reinserto un troliño. No se tome esto tan en serio. A ver si nos enfadamos todos y no venimos a echar unas risas… Hombre, hombre. Que de ponernos serios soy la primera en vestirme y marchar. ¿O esto es un foro de filosofía y yo no me entero? Que tanto no me entero que vi una flor primaveral, ( pensé era un capricho de robotiño) y no un ojo observador de susto, Adapts

    Procu, no me enfado, mujer. Para qué

  14. Coño, tare, si lo que digo es que encantado de leer al personal sus aventurillas primaverales… siempre mucho mejor que otras películas.


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