Las tinieblas del corazón

Una tarde, mediada la pasada primavera,  paseando por un bonito pueblo marítimo me encontré con un antiguo conocido, y nos sentamos a conversar en la terraza que le propuse. Se trataba de uno de los chiringuitos que la Ley de Costas ha perdonado, y que permite estar sentado a pocos metros de la orilla, sobre la playa, observando una bahía que Josep Pla describió tan bien que no le voy a intentar emular.

FrmHolmssEl local en cuestión había tenido la feliz idea de cubrir un hueco en la oferta local, y saben tirar una caña de cerveza, sirviéndola con la espuma y temperatura adecuadas. Eso les diferencia del resto de bares, donde sirven bajo la misma denominación sin ningún escrúpulo unos líquidos amarillos alcohólicos y carbonatados.

No se movía apenas el aire, la temperatura era suave, todavía no había empezado la temporada turística y apenas un par de mesas estaban ocupadas, guardando unas distancias que permitían la conversación privada y compatible con los pocos sonidos que llegaban: pájaros en sus tareas, mínimo oleaje. Los colores del mar y del cielo en el horizonte, la luz que descendía, todo evocaba una estado de calma infrecuente.

Mi amigo me preguntó por mis planes, y le expliqué mi proyecto de andar unos días y acabar la ruta jacobea. Entonces me habló de sus experiencias, ya que él también había recorrido en su día los kilómetros entre Roncesvalles y Santiago.

Evocamos algunos lugares comunes, como el que dice que se trata de un viaje de 700 Km al interior de uno mismo. Yo bromeaba, más en serio que en broma, que mi interior debe ser un negro abismo ya que había necesitado trocear el viaje en varios años para asomarme a él.

Revisamos las ocasiones que se dan de conocer personas interesantes, y los momentos de cercanía que a veces se producen.

Él habló de los días en que tuvo esa sensación, días en los que anduvo con un grupo formado por una joven danesa, un director de escuela holandés, un inglés prejubilado, al que se unían a veces otros integrantes:

«Con ellos establecí relación gracias a una tortilla de patatas que preparé en el albergue y que resultó en una fiesta. En muy poco tiempo intimamos, y conocí las motivaciones reales de una preciosa joven que me recordaba a Scarlett Johansson en La joven de la perla, de un profesional abordando un alto en su etapa laboral, de un inglés con católicas raíces irlandesas que gestionaba como podía esa contradicción.

La tarde siguiente estábamos conversando y bebiendo animadamente, cuando percibí una mirada hostil del holandés hacia un grupo de ruidosos, veteranos y alegres bávaros con el que no se relacionaba casi nadie, ya que no hablaban más que alemán.

Inquirí sobre esa mirada, y con la ayuda de la atmósfera de confianza que se crea en ese entorno único, supe por él mismo que esa animadversión era antigua como su vida, y que provenía de los días en que Alemania había ocupado su país. Refirió que un día unos soldados habían entrado en la casa familiar y uno de ellos había apuntado con su arma a la cabeza de su padre durante unos segundos que le habían arruinado para siempre la vida de una forma tan intensa que el hijo lo había percibido desde que tenía conciencia, manteniendo un sentimiento de odio al alemán compatible con una vida ordenada y civilizada como es la propia de Holanda.

Cabizbajos, danesa e inglés asentían en silencio.

La mirada y la historia me recordaron un apunte de los diarios de Jünger sobre el odio de una estanquera en el París ocupado, y me pareció que contrastaba con mi experiencia debido a la historia que me habían referido en mi casa sobre los días de la guerra civil, y me dispuse a explicarla:

—Mi abuelo era militar —sostuve un breve silencio, fui consciente de que pocas veces en mi vida había pronunciado esas palabras.

—Mi abuelo era militar. Creo que hubiera querido ser director de orquesta, pero no tuvo opción, e ingresó por mandato familiar en la Academia de Caballería, fue destinado a Marruecos y finalmente a mi ciudad, de donde era natural su mujer.

El día del alzamiento o golpe militar de Franco, él era capitán y quedó al mando del retén que permaneció en su cuartel, si bien nominalmente había un comandante por encima de él, un hombre que estaba borracho todas las horas del día y no ejercía su cargo.

El resto de la guarnición salió a las calles, a tomar la población. Ninguno sobrevivió a los combates de aquel día, que se saldaron con el fracaso de la asonada.

Mi abuelo fue encarcelado y se le formó un tribunal popular por rebelión militar: la acusación solicitó la pena de muerte.

En una longitud de onda distinta transcurre la vida de las mujeres. Mi abuela, con seis hijos a su cargo, los distribuyó entre familiares y amigos, encargó tareas de coordinación a mi madre, que tenía 13 años, y se dedicó a movilizar la defensa de mi abuelo.

Un par de años antes había tenido lugar una rebelión de sindicalistas agrarios que había terminado en un consejo de guerra. Por lo visto mi abuelo había actuado de oficio como defensor de los acusados, y había puesto cierto empeño en su tarea, el suficiente para que salieran mejor librados de lo previsto del trato con la justicia militar, y para que su mujer acudiera a aquellas personas – o a sus esposas – que a la sazón estaban ya en el bando gobernante, a solicitarles su auxilio.

Tuvo éxito, y esas personas, agradecidas o simplemente conmovidas por la angustia ajena, consiguieron influir para rebajar la petición de pena de muerte a prisión. De esta forma mi abuelo salvó la vida, pasó los años de guerra en la cárcel y sólo tuvo que cuidar una úlcera que casi le llevó a la tumba, así como superar la depuración a que le sometieron después los vencedores (“Un militar, ¿y ha salvado la vida en zona roja? Entonces igual no es de los nuestros…”).

Más cruel fue la suerte del comandante, a quien ajusticiaron a pesar de su alcoholismo y aduciendo su superior posición jerárquica.

De esta forma creo que tejieron las mujeres sobre los descosidos que habían hecho los hombres en aquellos años —terminé.

Permanecimos todos callados unos momentos, y recuerdo haber pensado que tal vez un español estaba dictando una lección de reconciliación a un grupo de europeos. Era 2003, y un año después me di cuenta de que una guerra civil exige muchas más generaciones para su sutura».

Al acabar su relato, mi amigo entró de nuevo en uno de sus quietos silencios y yo reparé en que también la tarde ya estaba cayendo silenciosa, tranquilamente. Algunas luces del otro extremo de la bahía empezaban a reflejarse en el mar plano.

Pensé en su historia y en la de sus abuelos, en la experiencia de reconciliación que para él significaba, y me pregunté con una cierta aprensión si sería la misma vivencia que tendrían los hijos y nietos de aquellos sindicalistas, con quien mi amigo tal vez podría contactar con cierta facilidad para contrastarlas: no sé si conviene nadar en las aguas de ciertos estanques, que en seguida se enturbian, o es mejor zambullirse en límpidas aguas como las de aquella playa. Pero esa es otra guerra.

Cortesía de Holmesss

  1. Un hermoso relato, una historia de historias ejemplar y una irresistible invitación al baño.
    (Claro, como Holmesss se sabe el Tachín. Así cualquiera).

  2. [0]
    Holmesss, más que hermoso, canónico avant la lettre, con equilibrio entre introducción, nudo y desenlace.

  3. «Permanecimos todos callados unos momentos, y recuerdo haber pensado que tal vez un español estaba dictando una lección de reconciliación a un grupo de europeos. Era 2003, y un año después me di cuenta de que una guerra civil exige muchas más generaciones para su sutura».

    ⎯⎯⎯
    Las heridas de las guerras vividas se usan a menudo como leña para un fuego más viejo, uno que arde de todas formas. Los vegetarianos y otras personas muy preocupadas por las cosas que entran en sus cuerpos o templos suelen o solían decir que somos lo que comemos, y ponían un dibujo del cerdo en que te convertías por comer jamón.
    La advertencia me sirve mejor para lo que echamos a nuestro fuego, comida de memorias a veces muy venenosas, digo.

  4. Un maravilloso texto, Holmess. Se me ha metido en la piel y todo. Y lo voy a volver a leer que soy mucho de segundas lecturas cuando algo me gusta.

  5. Con la reflexión de Holmesss casa de maravilla el agudo diagnóstico que hace Juaristi en su artículo de hoy en ABC, sobre los encuentros de escritores de las distintas lenguas españolas en Verines: la mentalidad de acreedor.

  6. DEDICATORIAS
    Este es el texto más complejo narrativamente que he escrito; el próximo será directamente incomprensible, así que:
    A Procuro y Tareixa, porque se lo debía desde Julio, cuando se mostraron tan curiosas: ¿porqué va a Santiago?¿porqué ahora?¿porqué lo aplazó? Espero no haber dado respuesta a ninguna.
    A Brema, que le va la marcha
    A Perroantuan, a quien honrará debidamente el tipo que presentará mi exitosa candidatura al Nobel.
    A todos los que se asoman por aquí como yo hice durante años, sin decir ni Pío, y en su nombre a Lola: a mí lo que me gustaría es hacer reír, espero conseguirlo en unos lustros.

  7. No sabía de la peli Rojo y negro de Carlos Arévalo, Bremaneur. Acabo de verla en youtube. Una joya y una rareza del cine español.

    Gracias Holmesss por la parte que me toca de su dedicatoria

  8. Gracias, Holmesss. Tareixa y yo le dedicamos este video. (Canta ella, que tiene más bonita voz; yo llevo la parte del instrumentismo).

  9. Holmess, me ha gustado su texto. Ya me gustaría a mí saber escribir tal que usted.
    Parece además que disfruta compartiendo tiempos y conversaciones con otras personas y que a pesar de todo, sigue teniendo fe en ellas. Parece usted un buen tipo. (Ya me lo parecía antes).
    Enhorabuena.

  10. Me cagon los rieles de esta sábana que no desliza bien. Mierda, hostiaputa, que agonía.

  11. ¿Porqué la izquierda siempre tiene una periodista que ejerce de guapa siendo un adefesio? Antes la Julia Otero (aún se lo cree) ahora la Ana Pastor.
    Estoy convencido de que, de algún modo, confunden las reacciones de los hombres por el respeto que les puedan tener con reacciones a su atractivo (que no tienen).

  12. Ádapts: «¿Porqué la izquierda siempre tiene una periodista que ejerce de guapa siendo un adefesio?»

    Señor, Señor. Cuántas cosas afirmadas y no demostradas en una sola pregunta, Adaptaciones.
    Videamus, que tengo un ratico:
    1) La periodista ejerce de guapa. ¿Qué trabajo es ese?, ¿en qué lo nota?
    2) Es un adefesio. ¿No es un poco demasiado?, ¿Y entonces las otras qué son-mos?, ¿monstruas de un circo?
    3) ¿Solo la izquierda?
    (Y mire que a mí me caen pelín gordas las mencionadas, especialmente Pastor).

  13. 1) Lo noto yo que soy un macho alfa de lomo plateado.
    2) Cuando una mujer actúa como gaupérrima siendo feucha pasa automáticamente a la categoría adefesio-callo (Sin perdón)
    3) Dígame una de la derecha, porque a mí no me viene a la mente. Reconoceré mi error si es el caso.

    Voy a poner la lavadora y vuelvo.

  14. …quicir: “guapérrima”…

  15. Pues no mezcle la ropa blanca con la de color. La lana es a mano con nórit.
    No me sé periodistas porque no veo la tele. Y además me ha tendido una trampa, porque si le contesto estoy admitiendo lo que dice y eso es lo que NOORL.

  16. Pero si yo soy el corderito de Nórit en persona.
    Me limitaba a obedecerle y contestar a sus preguntas por orden, que ya le dije que me da usted susto.

  17. A mi madre le ponemos unos parches para la memoria. ¿Y esto para qué es, pregunta ella todos los días y cada vez que se da cuenta? Para la memoria, madre, para la memoria.
    Es gracioso y a la vez hace mucho de llorar.

  18. ‘Es gracioso y a la vez hace mucho de llorar’
    Genial, Procuro: de alguna manera las describe a Vdes. Cosiendo, lo que nosotros desgarramos con nuestras ocurrencias.

  19. Gracias, Bolaño. No sé, Holmesss lo decía así: “En una longitud de onda distinta transcurre la vida de las mujeres”.
    No estoy segura de que eso no haya cambiado completamente. Ya no cosemos tanto, yo a veces me arreglo los dobladillos con la grapadora. Los témpora y las mores, la prisa, los afanes y el sinsentido de la vida, las peluquerías unisex, no sé.

  20. Un país que como Cataluña tiene un pastel para cada fiesta, con su correspondiente bebida dulce; un país que todo lo celebra con harina y azúcar tiene por fuerza que sufrir los más variopintos desvaríos. Para los muertos, los siniestros panellets. Para la Pascua, grotescos huevos de chocolate. Para la Navidad, las neulas, esos canutillos que la catalanor moja en la copa de cava. El cava, por cierto, que nunca sé si contarlo como bebida dulce o como pastel.

    Así empezó mi pobre país a enloquecer.

    http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/guantanamo/2013/09/21/la-catalanor.html

  21. Chicas del bló.
    Cosas que sólo su amigo Adaptaciones les dirá:

    Los treinta y cinco años suele ser la edad límite en la que aún nos interesan ustedes físicamente. Algunas excepciones llegan a los treinta y ocho. (Si a los cuarenta, ya porque está la hostia de buena)

    ¡Machista!—> Se lo digo porque las quiero bien y para su buen gobierno.

    Me dirán ustedes: “pero que se ha creío este?, ¿y los hombres qué? Pues también, pero es verdad que aguantamos entre un lustro y una década en mejores condiciones de conservación.
    La diferencia está en que a nosotros se nos da una higa pagar por sexo llegado el momento, sea por la linea directa o por la indirecta: divorciándonos y contratando , digo casándonos con una más joven (los más comedidos e inseguros), o manteniendo una alegre y follandeira soltería, respaldada por la buena ropa y los billeticos.

  22. Adaptaciones, hay que adaptarse, según pasa el tiempo. No solo cuenta el interés físico: está el interés del conocimiento. Aunque usted habla (quizá) de lo que es más corriente observar.

  23. Bolaño, si yo ya me lo digo, pero como el cuerpo no se queja de momento, sigo comiendo carne con carne de guarnición, y así no hay manera de que me baje la testosterona.

  24. Usted está tonto. Estoy de mucho interés en todos los aspectos. Se ve que las mujeres que conoce de mas de cuarenta ya conocen mucho mundo y estás algo más que jaleadas de malos pasos.

    Y por conocer a simples como usted. Ya me enfadé.

    (lo pior es que entro al trapo)

  25. Procu, lamento lo de su madre, y le agradezco que se tomara mi comentario como lo que era, o que, al menos, no me lo afeara en público.

  26. Pero Bella Tare si tú eres para mí la excepción a todas las reglas. Y lo sabes.

  27. ¿Ven? Adapts y Gómez de puritos machitos que se entienden y todo. Anda, a mojar la gorra y que os den.

    (estoy echa una fiera)

  28. Esto, hecha. Pero desatada estaba pensando en mi mismo interior echada a perder de la furia de un día no muy acertado para leer tontunadas.

    Y el comentario anterior es feo. Ni de mi estilo. Ustedes perdonen

  29. Yo confiaba en arremolinar a más féminas, no sólo a mi amada.

  30. Cosas que sólo su amigo Adaptaciones les dirá:
    Los treinta y cinco años suele ser la edad límite en la que aún nos interesan ustedes físicamente. Algunas excepciones llegan a los treinta y ocho. (Si a los cuarenta, ya porque está la hostia de buena)
    ***
    Amigo Adaptaciones, qué me cuenta. Tenga, cójame esto: un bonito ramo de tortas sin anestesia todas para usted (también puede compartir alguna, estoy viendo) y mi libro de López Ibor, amén de otra bibliografía recientemente adquirida para documentarme en la sepsualidad. Yo que pensaba iniciar una vida, salir al baile.

  31. Funes, ni lo mencione, faltaría más. Hay más desgracias que botellines, y si tienen algo bueno son los chistes, que son muy buenos.

  32. Tipo, gracias por la publicidad de la mañana. Yo ya me levanté la saya un día, que soy superatrevida. Lo que susede es que mi blop es secreto. Oxímoron, no: doble nacionalidad.
    (Y gracias a todos por las visitas, lo menos seis; no estoy acostumbrada, casi me da un soponcio).

  33. El ramillete y los libros y cualquier cosa que me pida. A sus pieses Procu.
    (Que me han arrumbado en el sofá)

  34. En lo de Brema hay una reseña de un libro de Camba, muy barato (sobre todo en versión ePub) y que estoy disfrutando ya como un enano.

  35. Procu, mis mejores y más sinceros deseos para su madre.

    Hace poco, en mi familia, y la menciono porque la conversación me pareció propia de una peli de terror:

    Mi prima telefoneó una tía abuela de la familia, que debe de andar por los noventa y tantos, para interesarse por su estado. En tiempos, fue la esposa de un pintor bastante famoso, que murió hace ya unas décadas. Vive sola y, por lo menos hasta la fecha, siempre se ha desenvuelto bastante bien y con una lucidez a prueba de bomba.

    -¿Cómo estás? -le preguntó mi prima.
    -Pues bastante mal, hija. El médico me ha dicho que tengo alucinaciones.
    -¿Alucinaciones? ¿Qué alucinaciones?
    La respuesta de la anciana fue demoledora:
    -Pues, por ejemplo, ahora mismo… estoy con dos niñas pequeñas.

  36. Sí, a eso me refería, Gómez. Y ahora que estamos con unas niñas pequeñas, yo me acuerdo y digo mucho una cosa que le oí una vez a una cría que jugaba con mi sobrina:
    “¡Ay, qué miedo!, ¡ay, qué risa!, ¡he visto un invisible!”

    Resume fenomenal la experiencia de vivir, a que sí.

  37. Obviando la tristeza de lo que cuenta, el final da un poco de miedo y todo Gómez.

  38. ¡Hostias!
    Y ahora Procu. Apaguemos la luz….

  39. A la hora de rebatir el derecho a decidir por separado, no deberíamos perder el tiempo señalando las patrañas históricas en las que se basa casi siempre el separatismo, habida cuenta de que ese derecho incluye, si así se ha decidido, el de creer en aquéllas.

  40. Tampoco deberíamos echar mano de ese nominalismo individualista un poco pedestre que opone la verdad de los hombres de carne y hueso a la quimera de unas abstracciones colectivas, Cataluña sin ir más lejos. En realidad, el verdadero nominalismo individualista reniega tanto de la humanidad como de la catalanidad, del hombre en sí mismo como del catalán en sí mismo, a su juicio unas meras abstracciones carentes de la realidad, respectivamente, del hombre de carne y hueso y del catalán de carne y hueso.

  41. Me estoy temiendo que el nominalismo individualista es capaz de renegar hasta del propio concepto de nominalismo individualista. (Y entonces igual hay que darle a la noción unas tortas, como a las niñas que alucinan a la abuela y a Ádapts cuando se pone franco).
    ***
    Qué gusto leerle, Gengis.


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