El azúcar es culpable

Equipo fútbol los gordos 1958El hecho de que nos pasemos horas tumbados en un sofá viendo la televisión no significa que los programas sean muy interesante, mas bien tiene que ver con el hecho de que lo solemos hacer después de haber comido. Particularmente los alimentos dulces ejercen un efecto placentero sobre los mismos receptores cerebrales donde actúan diferentes drogas adictivas (ello explica el “craving” que nos lleva a comer chocolate o galletas a deshoras), lo cual contribuye a la somnolencia postprandial. Lo malo es que los alimentos dulces excitan la producción de insulina y al cabo de no mucho tiempo se vuelve a tener la necesidad de ingerir más alimentos dulces. Pero lo peor no es eso, sino que al haber suficiente glucosa en sangre no se consumen las reservas de glucógeno que almacenan músculos e hígado, ni por supuesto la grasa acumulada. Es decir, no se adelgaza, o lo que es peor, se engorda almacenarse el exceso de hidratos de carbono en forma de grasa.

En una dieta de un adulto que practique ejercicio físico moderado tienen cabida el azúcar y el alcohol, pero en cantidades tan pequeñas que es muy complicado ceñirse a ellas. El azúcar de caña (sucrosa) está compuesto a partes iguales de glucosa y fructosa, pero mientras aquella llega a la sangre directamente, la fructosa se metaboliza en el hígado donde se convierte en quilomicrones (grasa), es decir, no tiene un efecto nutritivo directo como la glucosa sino que se almacena. Son las llamadas calorías vacías, igual que las que aporta el alcohol. Podemos considerar por tanto a la fructosa y al alcohol, a partir de determinada dosis , como un “veneno” para nuestro organismo. Esto no es nada extraño, pasa con todas las sustancias incluso con el agua. Lo malo es que en este caso el dintel es bastante bajo.

¿Cuánto azúcar debemos consumir al día? Según la American Heart Association como máximo seis cucharaditas las mujeres y nueve los hombres. Parece una cantidad razonable, incluso excesiva, pues permite tomarte entre seis y nueve cafés con azúcar a día. Pero eso sería si no ingiriéramos azúcar en el resto de alimentos, ni tampoco alcohol. Una bote de Coca-Cola, un yogur de frutas desnatado (de 225 gr.) o dos manzanas rojas grandes equivalen ya a seis cucharadas de azúcar. Eso significa que consumimos cantidades ingentes sin saberlo, hasta la cerveza sin alcohol lleva azúcares, por no hablar de los alimentos reforzados con fructosa, la parte potencialmente tóxica del azúcar. Así, el consumo medio puede estar alrededor de las veinte cucharaditas al día. Un disparate para nuestra salud, particularmente si no se hace deporte. Semejante ingesta de azúcares necesita un ejercicio muy intenso, al alcance de muy pocas personas, para no engordar e ir generando un síndrome metabólico.

¿Qué dieta hemos de hacer para limitar la ingesta de azúcares? Existen múltiples posibilidades. Describiré la que a mí me ha permitido bajar de peso paulatinamente, cierto que un contexto de ejercicio físico medio-alto .

  • Desayuno: café con leche completa y sacarina. Un panecillo integral con aceite de oliva o Corn Flakes Classics.
  • Comida: un zumo de futas grande y una ensalada.
  • Cena: un plato de verduras, un plato de proteínas animales (carne, pescado, huevos). Una copa de vino tinto.

Se pueden hacer un par de excepciones a la semana en comida o cena. No se debe tomar nada entre horas excepto frutos secos e infusiones.

No nos engañemos, hacer esta dieta es una putada, y no digamos si encima hay que hacer ejercicio. La contrapartida es una mejoría significativa de la salud y de nuestro aspecto físico. Supongo que no debe merecer la pena, basta echar un vistazo a nuestro alrededor.

Referencia: Sugar love: A not so sweet tale. Rich Cohen. National Geographic. Vol.224(2): 2013

Cortesía de Marquesdecubaslibres

Memorias apócrifas de un soldado

soldierYo he sido adolescente un día y la primavera era ocaso de otoño en el invierno, temiendo todas esas tardes de verano que un calendario desdiga, que todos los recuerdos no eran mi infancia. Quizá pudiera ser que ya naciese viejo.

Así es el tiempo, engañoso y selectivo, no la memoria, la memoria es sabia, le basta el olor y la piel, hasta el mas tonto lo sabe y no las tontas repeticiones de Ebbinghaus.

[…Cuando mi buena madre irlandesa me destetó a la edad de tres años de su santa agua miel yo tenía edad para pedir una buena jarra del mejor vino o cerveza del país allá donde fuese que me encontrase alguien… ] (cap. 39) No sigo, que hipo con lágrimas y escasea mi sollozo sentido.

Me encuentro en una trinchera en tierra de nadie. Un largo invierno solitario oliendo brezo y oyendo aullar al mar contra las rocas, desgastando su voluntad. No me basta el refugio en la Biblia por no atreverme ultimar a hombres y entregarme al fornicio, no me basta las lecturas sobre el pensamiento hegeliano del perdón, no me basta nada: “I like to have a martini,/ Two at the very most./ After three I’m under the table,/ after four I’m under my host”. Solo quiero olvidar que no quiero beber lo que me ofrece la luz de la casa, la solitaria casa del páramo que tengo que vigilar y que me tienta.

Es esta mi misión de soldado, vigilante de Fausto y sus mercadurías que tienta a un alma inspirada antaño por absenta y hoy la quiere poeta en el infierno. Y que no llamemos a cantos de sirena que ya están afónicos, que ya no creo nada. Me cuido y lloro entre tanto leo a Hölderlin.

Mich ergoz der wohllaut
Des saç

Día de este año de nuestro señor:

[Escribo sin apenas ganas, estoy exhausto y por primera vez el buche lleno y muy romántico. La moza de la casa me dejó leer a Emily Dickinson en alto y oler sus bragas en privado. Después me invitó a un poco de vino y queso. Como zarigüeya marché presto a mi lugar de vigilancia si bien no era necesario] (cap. 123)

Y eran los mejores tiempos o los peores, que leo a Dickens y enjuago otra vez mis lágrimas y sigo con que la primavera era de esperanza y era también el invierno de la desesperación. Y no, no piensen que fusilo el más maravilloso comienzo de una novela escrita jamás. Es uno que se aferra a cuatro libros de liberación consentidos por la ONU y nada sospechosos para un soldado que no inverna.

[ …Tal vez sea musgo un día, madre. Y camine usted por la colina que da descanso a mis huesos. ¿Pero no podría entonces, en aquel entonces, calcetar una rebeca de lana celta y tintada de verde a juego con mis ojos…?] (cap. 89)

De todas las promesas que se dicen e inventan me quedo con la más segura: una mirada.

Cortesía de El Guardián solitario entre los cencerros

Solo ante el pelícano

Todo va a peor. La luz melancólica del otoño empuja al recogimiento y a la reflexión, pero entre los abrojos florecen plantas iracundas y hasta el viento que azota el paisaje trae ecos de enormes peligros. Chillan las gaviotas y graznan los cuervos y todos los extraños llevan la mirada extraviada y el ceño fruncido. Quizá teman que explote al fin la central nuclear que, ¡oh cielos!, está situada sobre la Gran Falla. O que se derrita el Ártico y huyan los osos polares hacia Seattle o Vladivostok tras comerse a los activistas de Greenpeace absortos con la aurora boreal.

El mundo se derrumba. Los reyes ya no pueden cazar elefantes, los banqueros piden unas monedas porque peor que pedir es tener que robar, las cooperativas dejan de cooperar y feroces manadas de comunistas capitalistas chinos, agrupándose todos en la lucha final, muerden salvajemente los escrotos de Marx, Lenin y Mao. El fin de la Historia será un çhøpsuëy o un comedor de Ikea con menú de 1,99€, IVA incluido: hágaselo usted mismo.

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Maigret en Vichy

maigretCalificar a George Simenon como un escritor de novelas policíacas es un gran error. Simenon es uno de los grandes novelistas del siglo XX y el personaje del inspector Maigret no es mas que una disculpa para sondear los abismos del alma. Simenon escribió en los años 60 su “Maigret en Vichy”, donde nos presenta a un comisario con solo 53 años pero con tales achaques que su médico le manda a Vichy a tomar las aguas. Por la descripción parece obvio que Maigret, un hombre robusto y muy activo, presenta los primeros síntomas de lo que hoy llamaríamos un síndrome metabólico. Ha sido un gran fumador de pipa, gran bebedor de vino, cerveza y pastís, y amigo de los guisos fuertes. Su médico le prescribe una cura de 21 días que incluye caminar al menos 5 km al día, suprimir el alcohol, ponerse a dieta y beber aguas medicinales en grandes cantidades. Hoy sabemos que Maigret, nuestro héroe, un hombre de inteligencia prodigiosa, se ha estado suicidando lentamente con sus excesos dietéticos. Sabemos también que la cura prescrita de 21 días sería inútil, que tal cura debería ser de por vida y probablemente necesitaría añadir un antihipertensivo y hipocolesteriomante como prevención primaria de una enfermedad a cardiovascular.

Han pasado 50 años desde que Maigret fue a Vichy, y sin embargo personas tan inteligentes como él sigue cometiendo los mismos errores de estilo de vida. El mundo occidental está formado mayoritariamente por una biomasa que sigue fumando (cierto que menos que en época del comisario), bebiendo inmoderadamente, comiendo azúcares y grasas sin control y haciendo escaso ejercicio. Todo ello nos ha llevado a una epidemia de enfermedades cardiovasculares de grandes proporciones pese a que se ha avanzado muchísimo en su tratamiento.

¿Cuáles son las causas de este comportamiento irracional? No podemos argumentar que es por falta de información, todo el mundo sabe que estar obeso es malo para la salud. Sin embargo, por poner dos ejemplos, Vicente del Bosque y Oriol Junqueras pasean su oronda naturaleza sin pararse a pensar el mal ejemplo que dan. Incluso del Bosque se permite hacer un anuncio que avisa de los peligros del colesterol. Parece evidente que el ser humano tiene una tendencia irrefrenable a hacer cosas que le perjudican, a comportarse irracionalmente. La biomasa no se conforma con fumar y beber sin control, sino que gusta también de afiliarse a partidos políticos, seguir credos nacionalistas, acudir a conciertos de música popular o a eventos deportivos multitudinarios, bien sea en directo o en pantalla gigante mientras bebe cerveza y come patatas fritas. Pareciera que nos abocamos a un suicidio colectivo.

Cortesía de Marquesdecubaslibres

El viejo truco

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Dicen que la curiosidad mató al gato y, es evidente que este es muy, pero que muy curioso. Mientras trataba de aparcar el coche bajo su ventana no me quitaba ojo de encima.

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Los amaneceres de octubre (como los de marzo) suelen ser espectaculares. El sol enciende a veces las nubes bajas y, si tienes la suerte de estar junto al mar, puedes asistir durante unos segundos al espectáculo del fuego marino, como en el poema de Pere Gimferrer. No he tenido tanta suerte, pero el amanecer de hoy me ha recordado a los que solía ver en Bilbao, con un sol rojo apareciendo por los pisos superiores del edificio del Banco Bilbao Vizcaya (antes Bancaya) que iba incendiando lentamente de arriba abajo toda la fachada. Lamentablemente, entonces ni tenía cámara de fotos ni había telefoninos inteligentes, así que me limité a dejar recuerdo en un poema.

LA MISMA HISTORIA

Han pasado las horas y las nubes.
En su cerebro flotan todavía
vestigios del alcohol y de la noche.
La resaca, como un tiburón blanco,
desgarra a dentelladas la memoria.

Paseo de borrachos, y la luz
surgiendo en los cristales del Bancaya
como si el sol brotara entre sus muros.
Paseo de borrachos. Y palabras
que hablaron del amor, también del tiempo.
¿Qué quedará después sino el recuerdo
de los besos, la nuca, los abrazos,
un fragor de autobuses, una monja,
el agridulce trance del adiós?.
Ya presiente la angustia aunque se calla.

Otra noche vendrá y será distinta
la forma de escribir la misma historia.
Miserable ternura. ¡Cago en Dios!

*****

A este nivel he llegado, publicar foticos de amaneceres y gatos. Y poemas. De esta no me recupero ni citando a Huellebecq, Thompson o Celine. Es el fin.

Contra los hombres

La blasfemia no es una irreverencia contra Dios. Aunque se ha extendido la costumbre de hablar con las hortensias, todo acto de comunicación necesita ­—abrevio— de un emisor, un receptor, un mensaje y un canal. Si la blasfemia estuviera dirigida a Dios (pongo Dios, en mayúscula, por abreviar, pero pueden sustituirlo por divinidades, santos o cualquier otra entidad de las llamadas espirituales) ocurriría lo mismo que ocurre con la comunicación oral con las hortensias: no hay canal y, por tanto, no hay receptor.

Pongamos otro ejemplo de comunicación con los dioses, el mensaje que la sonda Voyager envía a los extraterrestres en un disco áureo. Hay emisor y mensaje, pero el canal utilizado, aunque ingenioso, tiene el pequeño problema de hallar receptores con equipo estereofónico en la inmensidad del universo (a estas magnitudes, que sea finito o infinito es casi un chiste). Es decir, al margen de que pueda haber o no receptores, hay un pequeño problema con el canal y otro no menor con el mensaje. ¿Que haría un hombre de una tribu no contactada si encontrase el disco áureo? De todo menos escucharlo. Es decir, que el mensaje que recibiría sería el propio medio, algo parecido a como resuelven los espiritualistas el enigma de las pirámides, construyéndose una pirámide de cartón para mejorar su descanso o conservar mejor los alimentos.

Quién blasfema contra Dios al darse con el martillo en un dedo, lanza al espacio un mensaje en un disco áureo, “¿cómo es posible que en tu infinita sabiduría hayas creado un individuo tan idiota como yo?”, pero el mensaje sólo lo recoge otro bípedo, bastante más espeso que él, que interpreta el disco dorado como un arma arrojada contra Dios.

La blasfemia sólo puede ser recogida por otros hombres y, al margen de su intención, sólo puede resultar ofensiva, porque se dirige directamente contra el núcleo del pensamiento evanescente: si tu crees esto, yo me cisco en tus creencias. La blasfemia, como los juramentos, son afirmaciones de autoctonía individual, marcan el territorio propio, ahuyentan al clérigo y avisan al resto de los receptores que se dejen de espiritualismos: soy un animal no trascendente, con problemas pedestres a quien tu salvación y tus zarandajas post-mortem le importan un comino; déjame en paz, vete.

Dicho esto, las personas cultivadas no han de perder el tiempo zahiriendo a los débiles.

Podéis ir en paz (a leer a Juaristi).

Vino corso

Los habitantes de Córcega tienen veleidades nacionalistas, incluso han llegado a recurrir a la violencia organizada, pero ya sabemos que en París no se andan con remilgos a la hora de sofocar estas intentonas. La propuesta de que el corso fuera idioma cooficial en Francia provocó hilaridad en el Elíseo. Mi amigo M.A., nacido en Ajaccio, fue destinado a Barcelona como directivo de una multinacional y quedó pasmado ante la permisividad del Gobierno español con el catalanismo. El hombre no daba crédito a lo que veía, porque hoy Córcega es un remanso de paz en donde no hay más muestras de nacionalismo que algunos letreros en francés emborronados con pintura.

En Córcega hacen un excelente vino que tiene tres características que me entusiasman: no conocen la madera, son baratos y se los beben ellos, muestra esto último de nacionalismo del bueno. Gracias a una benemérita institución sita precisamente en Barcelona he podido disfrutar de una pequeña muestra de vinos corsos, más concretamente de la denominación Patrimonio, la más antigua de la isla. Situada al norte, de un tamaño como el Priorato, elabora vinos interesantes y originales. Pude disfrutar de los productos de un vigneron llamado Yves Leccia cuyo Domaine d´E Croce con apenas 15 hectáreas produce maravillas como el E Croce blanco. Elaborado con la varietal local Vermentino y fermentado solo en acero inoxidable, posee una riqueza aromática y complejidad que contrasta con la sencillez de su elaboración. No le va a la zaga el YL tinto, que utilizando la Nielluciu, una varietal de origen italiano similar a la Sangiovese, consigue un vino que tampoco ha conocido barrica y que recuerda mucho más a los Frapattos sicilianos que a cualquier Montalcino. El YL es muy mineral, volcánico, con la fruta justa y un color que recuerda a la sangre licuada de san Pantaleón, al que tanta devoción tengo. Beber estos vinos en buena compañía, supongo, debe ser la felicidad.

Cortesía de Marquesdecubaslibres

El fashionable

En 1822 el fashionable tenía que presentarse al primer golpe de vista bajo un aspecto desgra­ciado y enfermizo; eran de rigor el descuido en la persona, las uñas largas, la barba a medio afeitar, los cabellos en desorden, la mirada profunda, sublime, extraviada y fatal, los labios contraí­dos y el corazón, a lo lord Byron, lleno de pesares y sumido en el disgusto y el tedio por los misterios de la existencia.

Hoy ocurre lo contrario; el dandi debe tener un aspecto con­quistador, frívolo e insolente; se esmera en su compostura, lle­va bigotes o barba ovalada; sostiene la fiera independencia de su carácter, que se manifiesta conservando el sombrero encas­quetado, tendiéndose sobre los sofás y estirando las piernas hasta tocar con las botas las narices de las damas, sentadas en sillas delante de él y absortas de admiración; cuando va a caba­llo, debe llevar su bastón a guisa de cirio, sin cuidarse para nada del animal, que se halla como por acaso entre sus piernas. Es necesario que la salud del dandi sea perfecta y que su alma se encuentre en el colmo de cinco o seis felicidades; algunos dan­dis radicales, los más avanzados, gastan pipa.

Indudablemente todo habrá cambiado mientras yo los describo; ya se dice que el dandi actual no debe saber si exis­te, si hay mundo, si hay mujeres y si debe saludar al prójimo. Lo que se puede asegurar es que todos los ingleses son locos por naturaleza o por moda.

El día se distribuía en Londres del modo siguiente: se concurría a un primer acto social, consistente en tomar el desayuno en el campo a las seis de la mañana; después volvíamos a almorzar a la capital; nos vestíamos para el paseo de Bond-Street o de Hyde-Park; nuevo cambio de traje para comer a las siete y media; nos mudábamos otra vez para ir a la Ópera, y, a media noche, nos poníamos el último traje para una soirée o un sarao. ¡Qué vida tan agradable! Mil veces hubiera preferido estar en galeras.

François-René de Chateaubriand. Memorias de ultratumba. Alianza Editorial

Plaga de zoquetes

La noticia de que los españoles, junto a los italianos, son los más torpes de la OCDE en matemáticas y los más espesos en comprensión lectora ha causado gran desolación. Algo de esto intuía la generación mejor preparada de la historia, que en estos momentos friega platos en los pub londinenses o vacía papeleras en Múnich (que en alemán se dice München y en bávaro Minga. ¡Qué bavaridad!). Pero no sufran, aquí comparece un servidor para ofrecer ideas y para explicar que donde hay crisis, hay oportunidad.

Para empezar, corazones, admito que yo también estoy entre quienes tienen dificultades para entender las facturas de la luz, las ofertas de telefonía y la redacción de algunas leyes. Siempre había sospechado que lo hacían adrede, pero me quedo más tranquilo sabiendo que soy idiota. Sin embargo, pese a que por ser de Letras estoy eximido de utilizar la regla de tres o de saber calcular el interés compuesto de mi libreta de ahorros, hago grandes esfuerzos por comprender y calcular.

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RENOVARSE O MORIR

Queridas, queridos. Este blog, salvo que ustedes lo remedien, tiene una fecha de caducidad, el 11 de diciembre de 2013. Es el día anterior al elegido por WordPress Premium para asestarme un sablazo y, por tanto, el momento idóneo para irse con la música a otra parte. He de reducir mis gastos y, sobre todo, reconducir mis energías hacia esfuerzos más productivos. Tengo la convicción de que un blog no temático carece de sentido y ya va siendo hora de asumirlo.

Como siempre, ocurre que por aquí siguen entrando asiduamente alrededor de 80 personas (aparte de los visitantes ocasionales), sospecho que en muchas ocasiones por la posibilidad de tener una conversación divertida o por hacerse con los enlaces a las novedades de nuestros colegas. El NJ ha sido desde sus orígenes un buen contenedor para dejarse ver, pero quizá haya llegado el momento de recurrir a otros servicios de esfuerzo más distribuido como Facebook, Google+ (Twitter es otra cosa).

Tanto Facebook como Google+ ofrecen la posibilidad de crear Grupos o Comunidades (que pueden ser privados) y la posibilidad de que cada unos de los participantes incida en sus propias querencias. Con la ventaja de que se pueden establecer conversaciones paralelas y no es necesario un blogmaster.

La ventaja de Facebook es que está muy concurrido y es fácil ampliar el círculo de relaciones (aparte de que por allí ya están muchos de ustedes). Además, pueden poner fácilmente enlaces con sus noticias favoritas, sus musiquitas, sus fotos con el móvil, las frases filosóficas de su profesor de aromaterapia…

La ventaja de Google+ es que no hay nadie, es elegante y combina en el mismo entorno todas las herramientas de Google. Tan sólo se necesita una cuenta de Gmail.

Hay una última posibilidad. Que a alguna o alguno de ustedes le apetezca hacerse con la responsabilidad del chiringuito. O abrir uno nuevo.

Ustedes dirán.