La belleza de los días idos (final sin traca)

thats_all_folks-wideQueridas, queridos. Hasta aquí hemos llegado. Dénse por abrazados y no olviden vitaminarse y mineralizarse para afrontar el mundo real con alegría y determinación. Gracias a todos, especialmente a los que han colaborado enviando textos, pero también a quienes han tenido la amabilidad de comentarlos o de mejorar su comprensión. Y un agradecimiento especial a Robby, que lo ha soportado todo y, a veces, hasta ha corregido los textos, sin dar demasiado la lata.

Mañana, día de San Martín, 11/11 a las 11:11, llegará mi hora y cerraré los comentarios del blog. No obstante les cederé la mitad de mi capa. A la misma hora abre el garito ÇhøpSuëy, Fanzine On The Rocks, www.chopsuey.es, en donde quienes lo deseen podrán seguir enlazando sus artículos o sus blogs y haciendo uso de las instalaciones. Quienes quieran mantener un contacto algo más estrecho, aunque sin rozamiento, pueden encontrarme en: https://www.facebook.com/josean.perroantonio.blanco. Claro que si no me dicen quienes son en formato nick, quizá no les acepte como “hamigos”.

Y como no quiero que caigan en la melancolía, les dejo un enlace que, sin duda, ya conocerán porque lo hemos citado algunas veces, la increíble web de Google Art Project, que merece verse a pantalla completa y que es un magnífico lugar para perderse durante horas.

Les dejo con mi canción de despedida favorita, The Beauty Of The Days Gone By (La belleza de los días idos), de Van Morrison. Hasta la vista, compañeros, ha sido un placer.

Memorias apócrifas de un soldado

soldierYo he sido adolescente un día y la primavera era ocaso de otoño en el invierno, temiendo todas esas tardes de verano que un calendario desdiga, que todos los recuerdos no eran mi infancia. Quizá pudiera ser que ya naciese viejo.

Así es el tiempo, engañoso y selectivo, no la memoria, la memoria es sabia, le basta el olor y la piel, hasta el mas tonto lo sabe y no las tontas repeticiones de Ebbinghaus.

[…Cuando mi buena madre irlandesa me destetó a la edad de tres años de su santa agua miel yo tenía edad para pedir una buena jarra del mejor vino o cerveza del país allá donde fuese que me encontrase alguien… ] (cap. 39) No sigo, que hipo con lágrimas y escasea mi sollozo sentido.

Me encuentro en una trinchera en tierra de nadie. Un largo invierno solitario oliendo brezo y oyendo aullar al mar contra las rocas, desgastando su voluntad. No me basta el refugio en la Biblia por no atreverme ultimar a hombres y entregarme al fornicio, no me basta las lecturas sobre el pensamiento hegeliano del perdón, no me basta nada: “I like to have a martini,/ Two at the very most./ After three I’m under the table,/ after four I’m under my host”. Solo quiero olvidar que no quiero beber lo que me ofrece la luz de la casa, la solitaria casa del páramo que tengo que vigilar y que me tienta.

Es esta mi misión de soldado, vigilante de Fausto y sus mercadurías que tienta a un alma inspirada antaño por absenta y hoy la quiere poeta en el infierno. Y que no llamemos a cantos de sirena que ya están afónicos, que ya no creo nada. Me cuido y lloro entre tanto leo a Hölderlin.

Mich ergoz der wohllaut
Des saç

Día de este año de nuestro señor:

[Escribo sin apenas ganas, estoy exhausto y por primera vez el buche lleno y muy romántico. La moza de la casa me dejó leer a Emily Dickinson en alto y oler sus bragas en privado. Después me invitó a un poco de vino y queso. Como zarigüeya marché presto a mi lugar de vigilancia si bien no era necesario] (cap. 123)

Y eran los mejores tiempos o los peores, que leo a Dickens y enjuago otra vez mis lágrimas y sigo con que la primavera era de esperanza y era también el invierno de la desesperación. Y no, no piensen que fusilo el más maravilloso comienzo de una novela escrita jamás. Es uno que se aferra a cuatro libros de liberación consentidos por la ONU y nada sospechosos para un soldado que no inverna.

[ …Tal vez sea musgo un día, madre. Y camine usted por la colina que da descanso a mis huesos. ¿Pero no podría entonces, en aquel entonces, calcetar una rebeca de lana celta y tintada de verde a juego con mis ojos…?] (cap. 89)

De todas las promesas que se dicen e inventan me quedo con la más segura: una mirada.

Cortesía de El Guardián solitario entre los cencerros

Solo ante el pelícano

Todo va a peor. La luz melancólica del otoño empuja al recogimiento y a la reflexión, pero entre los abrojos florecen plantas iracundas y hasta el viento que azota el paisaje trae ecos de enormes peligros. Chillan las gaviotas y graznan los cuervos y todos los extraños llevan la mirada extraviada y el ceño fruncido. Quizá teman que explote al fin la central nuclear que, ¡oh cielos!, está situada sobre la Gran Falla. O que se derrita el Ártico y huyan los osos polares hacia Seattle o Vladivostok tras comerse a los activistas de Greenpeace absortos con la aurora boreal.

El mundo se derrumba. Los reyes ya no pueden cazar elefantes, los banqueros piden unas monedas porque peor que pedir es tener que robar, las cooperativas dejan de cooperar y feroces manadas de comunistas capitalistas chinos, agrupándose todos en la lucha final, muerden salvajemente los escrotos de Marx, Lenin y Mao. El fin de la Historia será un çhøpsuëy o un comedor de Ikea con menú de 1,99€, IVA incluido: hágaselo usted mismo.

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El viejo truco

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Dicen que la curiosidad mató al gato y, es evidente que este es muy, pero que muy curioso. Mientras trataba de aparcar el coche bajo su ventana no me quitaba ojo de encima.

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Los amaneceres de octubre (como los de marzo) suelen ser espectaculares. El sol enciende a veces las nubes bajas y, si tienes la suerte de estar junto al mar, puedes asistir durante unos segundos al espectáculo del fuego marino, como en el poema de Pere Gimferrer. No he tenido tanta suerte, pero el amanecer de hoy me ha recordado a los que solía ver en Bilbao, con un sol rojo apareciendo por los pisos superiores del edificio del Banco Bilbao Vizcaya (antes Bancaya) que iba incendiando lentamente de arriba abajo toda la fachada. Lamentablemente, entonces ni tenía cámara de fotos ni había telefoninos inteligentes, así que me limité a dejar recuerdo en un poema.

LA MISMA HISTORIA

Han pasado las horas y las nubes.
En su cerebro flotan todavía
vestigios del alcohol y de la noche.
La resaca, como un tiburón blanco,
desgarra a dentelladas la memoria.

Paseo de borrachos, y la luz
surgiendo en los cristales del Bancaya
como si el sol brotara entre sus muros.
Paseo de borrachos. Y palabras
que hablaron del amor, también del tiempo.
¿Qué quedará después sino el recuerdo
de los besos, la nuca, los abrazos,
un fragor de autobuses, una monja,
el agridulce trance del adiós?.
Ya presiente la angustia aunque se calla.

Otra noche vendrá y será distinta
la forma de escribir la misma historia.
Miserable ternura. ¡Cago en Dios!

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A este nivel he llegado, publicar foticos de amaneceres y gatos. Y poemas. De esta no me recupero ni citando a Huellebecq, Thompson o Celine. Es el fin.

Contra los hombres

La blasfemia no es una irreverencia contra Dios. Aunque se ha extendido la costumbre de hablar con las hortensias, todo acto de comunicación necesita ­—abrevio— de un emisor, un receptor, un mensaje y un canal. Si la blasfemia estuviera dirigida a Dios (pongo Dios, en mayúscula, por abreviar, pero pueden sustituirlo por divinidades, santos o cualquier otra entidad de las llamadas espirituales) ocurriría lo mismo que ocurre con la comunicación oral con las hortensias: no hay canal y, por tanto, no hay receptor.

Pongamos otro ejemplo de comunicación con los dioses, el mensaje que la sonda Voyager envía a los extraterrestres en un disco áureo. Hay emisor y mensaje, pero el canal utilizado, aunque ingenioso, tiene el pequeño problema de hallar receptores con equipo estereofónico en la inmensidad del universo (a estas magnitudes, que sea finito o infinito es casi un chiste). Es decir, al margen de que pueda haber o no receptores, hay un pequeño problema con el canal y otro no menor con el mensaje. ¿Que haría un hombre de una tribu no contactada si encontrase el disco áureo? De todo menos escucharlo. Es decir, que el mensaje que recibiría sería el propio medio, algo parecido a como resuelven los espiritualistas el enigma de las pirámides, construyéndose una pirámide de cartón para mejorar su descanso o conservar mejor los alimentos.

Quién blasfema contra Dios al darse con el martillo en un dedo, lanza al espacio un mensaje en un disco áureo, “¿cómo es posible que en tu infinita sabiduría hayas creado un individuo tan idiota como yo?”, pero el mensaje sólo lo recoge otro bípedo, bastante más espeso que él, que interpreta el disco dorado como un arma arrojada contra Dios.

La blasfemia sólo puede ser recogida por otros hombres y, al margen de su intención, sólo puede resultar ofensiva, porque se dirige directamente contra el núcleo del pensamiento evanescente: si tu crees esto, yo me cisco en tus creencias. La blasfemia, como los juramentos, son afirmaciones de autoctonía individual, marcan el territorio propio, ahuyentan al clérigo y avisan al resto de los receptores que se dejen de espiritualismos: soy un animal no trascendente, con problemas pedestres a quien tu salvación y tus zarandajas post-mortem le importan un comino; déjame en paz, vete.

Dicho esto, las personas cultivadas no han de perder el tiempo zahiriendo a los débiles.

Podéis ir en paz (a leer a Juaristi).

Vino corso

Los habitantes de Córcega tienen veleidades nacionalistas, incluso han llegado a recurrir a la violencia organizada, pero ya sabemos que en París no se andan con remilgos a la hora de sofocar estas intentonas. La propuesta de que el corso fuera idioma cooficial en Francia provocó hilaridad en el Elíseo. Mi amigo M.A., nacido en Ajaccio, fue destinado a Barcelona como directivo de una multinacional y quedó pasmado ante la permisividad del Gobierno español con el catalanismo. El hombre no daba crédito a lo que veía, porque hoy Córcega es un remanso de paz en donde no hay más muestras de nacionalismo que algunos letreros en francés emborronados con pintura.

En Córcega hacen un excelente vino que tiene tres características que me entusiasman: no conocen la madera, son baratos y se los beben ellos, muestra esto último de nacionalismo del bueno. Gracias a una benemérita institución sita precisamente en Barcelona he podido disfrutar de una pequeña muestra de vinos corsos, más concretamente de la denominación Patrimonio, la más antigua de la isla. Situada al norte, de un tamaño como el Priorato, elabora vinos interesantes y originales. Pude disfrutar de los productos de un vigneron llamado Yves Leccia cuyo Domaine d´E Croce con apenas 15 hectáreas produce maravillas como el E Croce blanco. Elaborado con la varietal local Vermentino y fermentado solo en acero inoxidable, posee una riqueza aromática y complejidad que contrasta con la sencillez de su elaboración. No le va a la zaga el YL tinto, que utilizando la Nielluciu, una varietal de origen italiano similar a la Sangiovese, consigue un vino que tampoco ha conocido barrica y que recuerda mucho más a los Frapattos sicilianos que a cualquier Montalcino. El YL es muy mineral, volcánico, con la fruta justa y un color que recuerda a la sangre licuada de san Pantaleón, al que tanta devoción tengo. Beber estos vinos en buena compañía, supongo, debe ser la felicidad.

Cortesía de Marquesdecubaslibres

Plaga de zoquetes

La noticia de que los españoles, junto a los italianos, son los más torpes de la OCDE en matemáticas y los más espesos en comprensión lectora ha causado gran desolación. Algo de esto intuía la generación mejor preparada de la historia, que en estos momentos friega platos en los pub londinenses o vacía papeleras en Múnich (que en alemán se dice München y en bávaro Minga. ¡Qué bavaridad!). Pero no sufran, aquí comparece un servidor para ofrecer ideas y para explicar que donde hay crisis, hay oportunidad.

Para empezar, corazones, admito que yo también estoy entre quienes tienen dificultades para entender las facturas de la luz, las ofertas de telefonía y la redacción de algunas leyes. Siempre había sospechado que lo hacían adrede, pero me quedo más tranquilo sabiendo que soy idiota. Sin embargo, pese a que por ser de Letras estoy eximido de utilizar la regla de tres o de saber calcular el interés compuesto de mi libreta de ahorros, hago grandes esfuerzos por comprender y calcular.

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RENOVARSE O MORIR

Queridas, queridos. Este blog, salvo que ustedes lo remedien, tiene una fecha de caducidad, el 11 de diciembre de 2013. Es el día anterior al elegido por WordPress Premium para asestarme un sablazo y, por tanto, el momento idóneo para irse con la música a otra parte. He de reducir mis gastos y, sobre todo, reconducir mis energías hacia esfuerzos más productivos. Tengo la convicción de que un blog no temático carece de sentido y ya va siendo hora de asumirlo.

Como siempre, ocurre que por aquí siguen entrando asiduamente alrededor de 80 personas (aparte de los visitantes ocasionales), sospecho que en muchas ocasiones por la posibilidad de tener una conversación divertida o por hacerse con los enlaces a las novedades de nuestros colegas. El NJ ha sido desde sus orígenes un buen contenedor para dejarse ver, pero quizá haya llegado el momento de recurrir a otros servicios de esfuerzo más distribuido como Facebook, Google+ (Twitter es otra cosa).

Tanto Facebook como Google+ ofrecen la posibilidad de crear Grupos o Comunidades (que pueden ser privados) y la posibilidad de que cada unos de los participantes incida en sus propias querencias. Con la ventaja de que se pueden establecer conversaciones paralelas y no es necesario un blogmaster.

La ventaja de Facebook es que está muy concurrido y es fácil ampliar el círculo de relaciones (aparte de que por allí ya están muchos de ustedes). Además, pueden poner fácilmente enlaces con sus noticias favoritas, sus musiquitas, sus fotos con el móvil, las frases filosóficas de su profesor de aromaterapia…

La ventaja de Google+ es que no hay nadie, es elegante y combina en el mismo entorno todas las herramientas de Google. Tan sólo se necesita una cuenta de Gmail.

Hay una última posibilidad. Que a alguna o alguno de ustedes le apetezca hacerse con la responsabilidad del chiringuito. O abrir uno nuevo.

Ustedes dirán.

Ruido y tetas

FemenHoy estoy radicalmente de acuerdo con el feminismo clásico en sus cautelas con Femen. Las acciones de estas chicas enseñando los pechos en los lugares más inesperados recuerdan en cierta manera a las de Greenpeace, aunque son más turbadoras. Es posible que haya gentes antiguas que se escandalicen, pero lo que surge de manera automática en nuestros cerebros mamíferos, a la vista de estas jóvenes desnudadas y hermosas oponiéndose a las fuerzas del orden, es un instinto de protección: ¡protejan como sea a esas mujeres! ¡que nadie haga daño a esos pechos!* Ayer en el Congreso, lo que más angustiaba era que alguna de ellas pudiera precipitarse desde la tribuna al hemiciclo.

¿Sirvió realmente la acción para lanzar un mensaje comprensible? Radicalmente, no. ¿Sirvió para producir solidaridad? Radicalmente, sí. Solidaridad con las jóvenes desnudas de cintura para arriba, tan fuertes y tan frágiles, pero incomprensión hacia su mensaje. Si para que alguien haga caso a lo que dices tienes que enseñar las tetas, tienes, además de una ignorancia severa de la teoría de la información, un gran problema de comunicación. Revisemos:

El emisor (chicas desnudadas) envía al receptor (diputados, público de la sala, espectadores de televisión, radio y periódicos) un mensaje (oral/escrito: «Aborto es sagrado»; visual: tetas) por medio de un canal (gritos, televisión, radio y prensa) en un contexto comunicativo (un acto ajeno que se interrumpe en donde están presentes muchos medios de comunicación).

Es obvio que el impacto comunicativo es radical porque se accede a una audiencia multiplicada por la presencia de medios y por el propio acto de sabotaje. Sin embargo el mensaje que se pretende transmitir llega a la audiencia totalmente distorsionado porque:

a) llega confundido con el mensaje que estaban transmitiendo en ese momento los medios de comunicación (la sesión del Congreso)
b) llega confundido por el alboroto y la presencia de agentes represivos
c) llega contaminado desde el primer momento por la arrolladora fuerza visual de los pechos desnudos. Consúltese lo que dicen la etología y la zoólogía sobre la función sexual del pecho humano (por ejemplo, Desmond Morris en «La mujer desnuda»). Es como utilizar el modelo publicitario de Jacq’s para anunciar una conferencia sobre los derechos de la mujer.

En realidad, y por resumir, se produce lo que en la teoría de la comunicación se denomina «ruido»: demasiados emisores, demasiados mensajes mezclados, demasiados canales y una orgía de receptores no seleccionados. El resultado es la confusión comunicativa y, por tanto, la escasa efectividad de la acción: demasiado público que no entiende. Si a ello sumamos que se pretendía transmitir un posicionamiento sobre un tema de gran complejidad ética, el aborto, mediante un eslogan sacralizante y agramatical («Aborto es sagrado») el resultado es un pan como unas tortas.

Al feminismo clásico —que a estas alturas es ya también un feminismo de la edad provecta— le molesta que las chicas Femen sean, además, jóvenes, guapas y con senos bonitos y que no inviten a sus madres, o a sus abuelas, a manifestarse con ellas, lo que acaba fomentando el modelo de mujer atractiva que el feminismo clásico y ciertos cerebros jurásicos combaten. Tranquilas, todo lo pone en su lugar el tiempo.

¿Y los machos, qué dicen? A estas alturas los pobres machos no hacen otra cosa que agachar la colita y reconocer que, efectivamente, esta vez tampoco han sido capaces de entender el mensaje ni fijarse en el color del pelo o los ojos de las chicas. De fracaso en fracaso.
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*Dénse cuenta de mi habilidad con la sinécdoque y en cómo refuerzo la teoría feminista que defiende que el erotismo y la pornografía, al fragmentar la visión de la mujer en trozos de carne, pasa de considerarla persona a convertirla en objeto.

Lo anormal

No acabo de entender bien el mecanismo de la culpabilidad. No sé cuánto tiene de innato y cuánto de adquirido, pero sí parece claro que la culpa se difumina en la masa. Estoy convencido de que la mayoría de los humanos, incluso los menos aseados por la civilización o la cultura, encuentran reprobable matar a otra persona. Sin embargo, amparados por la sensación de impunidad que proporciona la caterva serán capaces de participar, exaltados, en un linchamiento. O en un asalto. O en una violación colectiva. O en un acoso. O en un exterminio.

Lo que no entiendo es dónde está situado el interruptor, el mecanismo que permite dejar de ser individuo —con la angustia de tener que decidir continuamente— y pasar a ser masa, siguiendo sin criterio y con entusiasmo lo que hacen otros. Es algo que, sin duda, viene instalado de serie en nuestro cerebro animal y explica nuestra habilidad colectiva para la vida en enjambre y la obediencia. Sin embargo, llama la atención la velocidad a la que actúa el interruptor y cómo desactiva de manera instantánea la individualidad, el razonamiento, la sensibilidad y el sentimiento de culpa. El amogollonamiento y el abandono del yo deben, además, liberar endorfinas e inducir sensaciones de placer, euforia, éxtasis y poder, porque si no resulta verdaderamente inexplicable su éxito.

Claro que todo esto es una visión optimista. No existe tal interruptor y los humanos son, básicamente, animales sociales que como las manadas de ciervos o las camadas de leones actúan en grupo a las órdenes de un líder. O vences al líder y ocupas su lugar o abandonas la manada. Lo raro y anormal, definitivamente, es ser, en todo momento, individuo. Empiezo a pensar que es algún tipo de psicopatía.

Serias limitaciones

teniersUno de los mecanismos más ingeniosos de la creación artística es la «limitación creativa». Consiste en establecer un ingenio intelectual con una serie de reglas que no se pueden quebrar. Quizá el ejemplo más claro sea el de la poesía clásica, en donde el poeta se obliga a constreñir su expresión por una serie de formas predeterminadas como, por ejemplo, el soneto o —palabras mayores— la sextina. Raymond Quenau llevó también hasta el paroxismo sus ejercicios de limitación creativa escribiendo textos largos en donde prescindía del uso de alguna vocal. Naturalmente, las artes plásticas o la música utilizan constantemente este recurso, y así hay pintores que se obligan a utilizar una reducida gama de colores o músicos que deciden prescindir de la armonía.

Es evidente que el uso de la limitación creativa traza una línea que difícilmente puede atravesar el batallón de los torpes sin sufrir grandes bajas. Donde los artistas, aprovechando la limitación, alzan el vuelo, el resto pergeñamos un torpe aleteo gallináceo acompañado de cacareo y violentos choques contra el suelo.

Ese mecanismo de limitación se establece también en otras disciplinas. ¿Qué son acaso la mayoría de los deportes sino estrictas limitaciones creativas? El fútbol prohíbe jugar con las manos, el baloncesto con los pies y el béisbol obliga a golpear la pelota con un bate y no con una raqueta o una pata de jamón. Bailar la lambada no es lo mismo que ejecutar un ‘pas de deux’, de la misma manera que disparar una ametralladora virtual en un videojuego no equivale a disparar con el escopetón a la pantalla del ordenador.

La limitación creativa, en fin, no es más que una forma elegante de denominar al «reto», es decir, la base de la mayoría de los juegos humanos: ¿a dónde podemos llegar no pudiendo hacer esto?

La política es, dentro de los juegos humanos, un ejercicio estricto de limitación creativa. No se puede jugar con los pies, está prohibido embestir con los cuernos al adversario y hay cientos de reglas que obligan a los contendientes a poner todo su empeño para superar las limitaciones y crear extraordinarios espacios de convivencia y felicidad. Naturalmente, todo lo dicho sobre el batallón de los torpes cobra aquí una importancia capital. El «estado del arte» en estos momentos no invita al optimismo. A las limitaciones propias del invento los tramposos añaden las suyas propias para que pueda encajar la gallina en el perfil del águila.

En fin, que hay días tontos en los que no apetece ni practicar el verso libre y en que dan ganas de mandar el tablero de juego a tomar por culo.

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En ese la mayoría de los juegos humanos hay una enorme inexactitud, pero me temo que es un jardín en donde hoy no voy a entrar.