Maigret en Vichy

maigretCalificar a George Simenon como un escritor de novelas policíacas es un gran error. Simenon es uno de los grandes novelistas del siglo XX y el personaje del inspector Maigret no es mas que una disculpa para sondear los abismos del alma. Simenon escribió en los años 60 su “Maigret en Vichy”, donde nos presenta a un comisario con solo 53 años pero con tales achaques que su médico le manda a Vichy a tomar las aguas. Por la descripción parece obvio que Maigret, un hombre robusto y muy activo, presenta los primeros síntomas de lo que hoy llamaríamos un síndrome metabólico. Ha sido un gran fumador de pipa, gran bebedor de vino, cerveza y pastís, y amigo de los guisos fuertes. Su médico le prescribe una cura de 21 días que incluye caminar al menos 5 km al día, suprimir el alcohol, ponerse a dieta y beber aguas medicinales en grandes cantidades. Hoy sabemos que Maigret, nuestro héroe, un hombre de inteligencia prodigiosa, se ha estado suicidando lentamente con sus excesos dietéticos. Sabemos también que la cura prescrita de 21 días sería inútil, que tal cura debería ser de por vida y probablemente necesitaría añadir un antihipertensivo y hipocolesteriomante como prevención primaria de una enfermedad a cardiovascular.

Han pasado 50 años desde que Maigret fue a Vichy, y sin embargo personas tan inteligentes como él sigue cometiendo los mismos errores de estilo de vida. El mundo occidental está formado mayoritariamente por una biomasa que sigue fumando (cierto que menos que en época del comisario), bebiendo inmoderadamente, comiendo azúcares y grasas sin control y haciendo escaso ejercicio. Todo ello nos ha llevado a una epidemia de enfermedades cardiovasculares de grandes proporciones pese a que se ha avanzado muchísimo en su tratamiento.

¿Cuáles son las causas de este comportamiento irracional? No podemos argumentar que es por falta de información, todo el mundo sabe que estar obeso es malo para la salud. Sin embargo, por poner dos ejemplos, Vicente del Bosque y Oriol Junqueras pasean su oronda naturaleza sin pararse a pensar el mal ejemplo que dan. Incluso del Bosque se permite hacer un anuncio que avisa de los peligros del colesterol. Parece evidente que el ser humano tiene una tendencia irrefrenable a hacer cosas que le perjudican, a comportarse irracionalmente. La biomasa no se conforma con fumar y beber sin control, sino que gusta también de afiliarse a partidos políticos, seguir credos nacionalistas, acudir a conciertos de música popular o a eventos deportivos multitudinarios, bien sea en directo o en pantalla gigante mientras bebe cerveza y come patatas fritas. Pareciera que nos abocamos a un suicidio colectivo.

Cortesía de Marquesdecubaslibres

El viejo truco

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Dicen que la curiosidad mató al gato y, es evidente que este es muy, pero que muy curioso. Mientras trataba de aparcar el coche bajo su ventana no me quitaba ojo de encima.

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Los amaneceres de octubre (como los de marzo) suelen ser espectaculares. El sol enciende a veces las nubes bajas y, si tienes la suerte de estar junto al mar, puedes asistir durante unos segundos al espectáculo del fuego marino, como en el poema de Pere Gimferrer. No he tenido tanta suerte, pero el amanecer de hoy me ha recordado a los que solía ver en Bilbao, con un sol rojo apareciendo por los pisos superiores del edificio del Banco Bilbao Vizcaya (antes Bancaya) que iba incendiando lentamente de arriba abajo toda la fachada. Lamentablemente, entonces ni tenía cámara de fotos ni había telefoninos inteligentes, así que me limité a dejar recuerdo en un poema.

LA MISMA HISTORIA

Han pasado las horas y las nubes.
En su cerebro flotan todavía
vestigios del alcohol y de la noche.
La resaca, como un tiburón blanco,
desgarra a dentelladas la memoria.

Paseo de borrachos, y la luz
surgiendo en los cristales del Bancaya
como si el sol brotara entre sus muros.
Paseo de borrachos. Y palabras
que hablaron del amor, también del tiempo.
¿Qué quedará después sino el recuerdo
de los besos, la nuca, los abrazos,
un fragor de autobuses, una monja,
el agridulce trance del adiós?.
Ya presiente la angustia aunque se calla.

Otra noche vendrá y será distinta
la forma de escribir la misma historia.
Miserable ternura. ¡Cago en Dios!

*****

A este nivel he llegado, publicar foticos de amaneceres y gatos. Y poemas. De esta no me recupero ni citando a Huellebecq, Thompson o Celine. Es el fin.

Contra los hombres

La blasfemia no es una irreverencia contra Dios. Aunque se ha extendido la costumbre de hablar con las hortensias, todo acto de comunicación necesita ­—abrevio— de un emisor, un receptor, un mensaje y un canal. Si la blasfemia estuviera dirigida a Dios (pongo Dios, en mayúscula, por abreviar, pero pueden sustituirlo por divinidades, santos o cualquier otra entidad de las llamadas espirituales) ocurriría lo mismo que ocurre con la comunicación oral con las hortensias: no hay canal y, por tanto, no hay receptor.

Pongamos otro ejemplo de comunicación con los dioses, el mensaje que la sonda Voyager envía a los extraterrestres en un disco áureo. Hay emisor y mensaje, pero el canal utilizado, aunque ingenioso, tiene el pequeño problema de hallar receptores con equipo estereofónico en la inmensidad del universo (a estas magnitudes, que sea finito o infinito es casi un chiste). Es decir, al margen de que pueda haber o no receptores, hay un pequeño problema con el canal y otro no menor con el mensaje. ¿Que haría un hombre de una tribu no contactada si encontrase el disco áureo? De todo menos escucharlo. Es decir, que el mensaje que recibiría sería el propio medio, algo parecido a como resuelven los espiritualistas el enigma de las pirámides, construyéndose una pirámide de cartón para mejorar su descanso o conservar mejor los alimentos.

Quién blasfema contra Dios al darse con el martillo en un dedo, lanza al espacio un mensaje en un disco áureo, “¿cómo es posible que en tu infinita sabiduría hayas creado un individuo tan idiota como yo?”, pero el mensaje sólo lo recoge otro bípedo, bastante más espeso que él, que interpreta el disco dorado como un arma arrojada contra Dios.

La blasfemia sólo puede ser recogida por otros hombres y, al margen de su intención, sólo puede resultar ofensiva, porque se dirige directamente contra el núcleo del pensamiento evanescente: si tu crees esto, yo me cisco en tus creencias. La blasfemia, como los juramentos, son afirmaciones de autoctonía individual, marcan el territorio propio, ahuyentan al clérigo y avisan al resto de los receptores que se dejen de espiritualismos: soy un animal no trascendente, con problemas pedestres a quien tu salvación y tus zarandajas post-mortem le importan un comino; déjame en paz, vete.

Dicho esto, las personas cultivadas no han de perder el tiempo zahiriendo a los débiles.

Podéis ir en paz (a leer a Juaristi).

Vino corso

Los habitantes de Córcega tienen veleidades nacionalistas, incluso han llegado a recurrir a la violencia organizada, pero ya sabemos que en París no se andan con remilgos a la hora de sofocar estas intentonas. La propuesta de que el corso fuera idioma cooficial en Francia provocó hilaridad en el Elíseo. Mi amigo M.A., nacido en Ajaccio, fue destinado a Barcelona como directivo de una multinacional y quedó pasmado ante la permisividad del Gobierno español con el catalanismo. El hombre no daba crédito a lo que veía, porque hoy Córcega es un remanso de paz en donde no hay más muestras de nacionalismo que algunos letreros en francés emborronados con pintura.

En Córcega hacen un excelente vino que tiene tres características que me entusiasman: no conocen la madera, son baratos y se los beben ellos, muestra esto último de nacionalismo del bueno. Gracias a una benemérita institución sita precisamente en Barcelona he podido disfrutar de una pequeña muestra de vinos corsos, más concretamente de la denominación Patrimonio, la más antigua de la isla. Situada al norte, de un tamaño como el Priorato, elabora vinos interesantes y originales. Pude disfrutar de los productos de un vigneron llamado Yves Leccia cuyo Domaine d´E Croce con apenas 15 hectáreas produce maravillas como el E Croce blanco. Elaborado con la varietal local Vermentino y fermentado solo en acero inoxidable, posee una riqueza aromática y complejidad que contrasta con la sencillez de su elaboración. No le va a la zaga el YL tinto, que utilizando la Nielluciu, una varietal de origen italiano similar a la Sangiovese, consigue un vino que tampoco ha conocido barrica y que recuerda mucho más a los Frapattos sicilianos que a cualquier Montalcino. El YL es muy mineral, volcánico, con la fruta justa y un color que recuerda a la sangre licuada de san Pantaleón, al que tanta devoción tengo. Beber estos vinos en buena compañía, supongo, debe ser la felicidad.

Cortesía de Marquesdecubaslibres

El fashionable

En 1822 el fashionable tenía que presentarse al primer golpe de vista bajo un aspecto desgra­ciado y enfermizo; eran de rigor el descuido en la persona, las uñas largas, la barba a medio afeitar, los cabellos en desorden, la mirada profunda, sublime, extraviada y fatal, los labios contraí­dos y el corazón, a lo lord Byron, lleno de pesares y sumido en el disgusto y el tedio por los misterios de la existencia.

Hoy ocurre lo contrario; el dandi debe tener un aspecto con­quistador, frívolo e insolente; se esmera en su compostura, lle­va bigotes o barba ovalada; sostiene la fiera independencia de su carácter, que se manifiesta conservando el sombrero encas­quetado, tendiéndose sobre los sofás y estirando las piernas hasta tocar con las botas las narices de las damas, sentadas en sillas delante de él y absortas de admiración; cuando va a caba­llo, debe llevar su bastón a guisa de cirio, sin cuidarse para nada del animal, que se halla como por acaso entre sus piernas. Es necesario que la salud del dandi sea perfecta y que su alma se encuentre en el colmo de cinco o seis felicidades; algunos dan­dis radicales, los más avanzados, gastan pipa.

Indudablemente todo habrá cambiado mientras yo los describo; ya se dice que el dandi actual no debe saber si exis­te, si hay mundo, si hay mujeres y si debe saludar al prójimo. Lo que se puede asegurar es que todos los ingleses son locos por naturaleza o por moda.

El día se distribuía en Londres del modo siguiente: se concurría a un primer acto social, consistente en tomar el desayuno en el campo a las seis de la mañana; después volvíamos a almorzar a la capital; nos vestíamos para el paseo de Bond-Street o de Hyde-Park; nuevo cambio de traje para comer a las siete y media; nos mudábamos otra vez para ir a la Ópera, y, a media noche, nos poníamos el último traje para una soirée o un sarao. ¡Qué vida tan agradable! Mil veces hubiera preferido estar en galeras.

François-René de Chateaubriand. Memorias de ultratumba. Alianza Editorial

Plaga de zoquetes

La noticia de que los españoles, junto a los italianos, son los más torpes de la OCDE en matemáticas y los más espesos en comprensión lectora ha causado gran desolación. Algo de esto intuía la generación mejor preparada de la historia, que en estos momentos friega platos en los pub londinenses o vacía papeleras en Múnich (que en alemán se dice München y en bávaro Minga. ¡Qué bavaridad!). Pero no sufran, aquí comparece un servidor para ofrecer ideas y para explicar que donde hay crisis, hay oportunidad.

Para empezar, corazones, admito que yo también estoy entre quienes tienen dificultades para entender las facturas de la luz, las ofertas de telefonía y la redacción de algunas leyes. Siempre había sospechado que lo hacían adrede, pero me quedo más tranquilo sabiendo que soy idiota. Sin embargo, pese a que por ser de Letras estoy eximido de utilizar la regla de tres o de saber calcular el interés compuesto de mi libreta de ahorros, hago grandes esfuerzos por comprender y calcular.

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RENOVARSE O MORIR

Queridas, queridos. Este blog, salvo que ustedes lo remedien, tiene una fecha de caducidad, el 11 de diciembre de 2013. Es el día anterior al elegido por WordPress Premium para asestarme un sablazo y, por tanto, el momento idóneo para irse con la música a otra parte. He de reducir mis gastos y, sobre todo, reconducir mis energías hacia esfuerzos más productivos. Tengo la convicción de que un blog no temático carece de sentido y ya va siendo hora de asumirlo.

Como siempre, ocurre que por aquí siguen entrando asiduamente alrededor de 80 personas (aparte de los visitantes ocasionales), sospecho que en muchas ocasiones por la posibilidad de tener una conversación divertida o por hacerse con los enlaces a las novedades de nuestros colegas. El NJ ha sido desde sus orígenes un buen contenedor para dejarse ver, pero quizá haya llegado el momento de recurrir a otros servicios de esfuerzo más distribuido como Facebook, Google+ (Twitter es otra cosa).

Tanto Facebook como Google+ ofrecen la posibilidad de crear Grupos o Comunidades (que pueden ser privados) y la posibilidad de que cada unos de los participantes incida en sus propias querencias. Con la ventaja de que se pueden establecer conversaciones paralelas y no es necesario un blogmaster.

La ventaja de Facebook es que está muy concurrido y es fácil ampliar el círculo de relaciones (aparte de que por allí ya están muchos de ustedes). Además, pueden poner fácilmente enlaces con sus noticias favoritas, sus musiquitas, sus fotos con el móvil, las frases filosóficas de su profesor de aromaterapia…

La ventaja de Google+ es que no hay nadie, es elegante y combina en el mismo entorno todas las herramientas de Google. Tan sólo se necesita una cuenta de Gmail.

Hay una última posibilidad. Que a alguna o alguno de ustedes le apetezca hacerse con la responsabilidad del chiringuito. O abrir uno nuevo.

Ustedes dirán.

Ruido y tetas

FemenHoy estoy radicalmente de acuerdo con el feminismo clásico en sus cautelas con Femen. Las acciones de estas chicas enseñando los pechos en los lugares más inesperados recuerdan en cierta manera a las de Greenpeace, aunque son más turbadoras. Es posible que haya gentes antiguas que se escandalicen, pero lo que surge de manera automática en nuestros cerebros mamíferos, a la vista de estas jóvenes desnudadas y hermosas oponiéndose a las fuerzas del orden, es un instinto de protección: ¡protejan como sea a esas mujeres! ¡que nadie haga daño a esos pechos!* Ayer en el Congreso, lo que más angustiaba era que alguna de ellas pudiera precipitarse desde la tribuna al hemiciclo.

¿Sirvió realmente la acción para lanzar un mensaje comprensible? Radicalmente, no. ¿Sirvió para producir solidaridad? Radicalmente, sí. Solidaridad con las jóvenes desnudas de cintura para arriba, tan fuertes y tan frágiles, pero incomprensión hacia su mensaje. Si para que alguien haga caso a lo que dices tienes que enseñar las tetas, tienes, además de una ignorancia severa de la teoría de la información, un gran problema de comunicación. Revisemos:

El emisor (chicas desnudadas) envía al receptor (diputados, público de la sala, espectadores de televisión, radio y periódicos) un mensaje (oral/escrito: «Aborto es sagrado»; visual: tetas) por medio de un canal (gritos, televisión, radio y prensa) en un contexto comunicativo (un acto ajeno que se interrumpe en donde están presentes muchos medios de comunicación).

Es obvio que el impacto comunicativo es radical porque se accede a una audiencia multiplicada por la presencia de medios y por el propio acto de sabotaje. Sin embargo el mensaje que se pretende transmitir llega a la audiencia totalmente distorsionado porque:

a) llega confundido con el mensaje que estaban transmitiendo en ese momento los medios de comunicación (la sesión del Congreso)
b) llega confundido por el alboroto y la presencia de agentes represivos
c) llega contaminado desde el primer momento por la arrolladora fuerza visual de los pechos desnudos. Consúltese lo que dicen la etología y la zoólogía sobre la función sexual del pecho humano (por ejemplo, Desmond Morris en «La mujer desnuda»). Es como utilizar el modelo publicitario de Jacq’s para anunciar una conferencia sobre los derechos de la mujer.

En realidad, y por resumir, se produce lo que en la teoría de la comunicación se denomina «ruido»: demasiados emisores, demasiados mensajes mezclados, demasiados canales y una orgía de receptores no seleccionados. El resultado es la confusión comunicativa y, por tanto, la escasa efectividad de la acción: demasiado público que no entiende. Si a ello sumamos que se pretendía transmitir un posicionamiento sobre un tema de gran complejidad ética, el aborto, mediante un eslogan sacralizante y agramatical («Aborto es sagrado») el resultado es un pan como unas tortas.

Al feminismo clásico —que a estas alturas es ya también un feminismo de la edad provecta— le molesta que las chicas Femen sean, además, jóvenes, guapas y con senos bonitos y que no inviten a sus madres, o a sus abuelas, a manifestarse con ellas, lo que acaba fomentando el modelo de mujer atractiva que el feminismo clásico y ciertos cerebros jurásicos combaten. Tranquilas, todo lo pone en su lugar el tiempo.

¿Y los machos, qué dicen? A estas alturas los pobres machos no hacen otra cosa que agachar la colita y reconocer que, efectivamente, esta vez tampoco han sido capaces de entender el mensaje ni fijarse en el color del pelo o los ojos de las chicas. De fracaso en fracaso.
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*Dénse cuenta de mi habilidad con la sinécdoque y en cómo refuerzo la teoría feminista que defiende que el erotismo y la pornografía, al fragmentar la visión de la mujer en trozos de carne, pasa de considerarla persona a convertirla en objeto.

Lo anormal

No acabo de entender bien el mecanismo de la culpabilidad. No sé cuánto tiene de innato y cuánto de adquirido, pero sí parece claro que la culpa se difumina en la masa. Estoy convencido de que la mayoría de los humanos, incluso los menos aseados por la civilización o la cultura, encuentran reprobable matar a otra persona. Sin embargo, amparados por la sensación de impunidad que proporciona la caterva serán capaces de participar, exaltados, en un linchamiento. O en un asalto. O en una violación colectiva. O en un acoso. O en un exterminio.

Lo que no entiendo es dónde está situado el interruptor, el mecanismo que permite dejar de ser individuo —con la angustia de tener que decidir continuamente— y pasar a ser masa, siguiendo sin criterio y con entusiasmo lo que hacen otros. Es algo que, sin duda, viene instalado de serie en nuestro cerebro animal y explica nuestra habilidad colectiva para la vida en enjambre y la obediencia. Sin embargo, llama la atención la velocidad a la que actúa el interruptor y cómo desactiva de manera instantánea la individualidad, el razonamiento, la sensibilidad y el sentimiento de culpa. El amogollonamiento y el abandono del yo deben, además, liberar endorfinas e inducir sensaciones de placer, euforia, éxtasis y poder, porque si no resulta verdaderamente inexplicable su éxito.

Claro que todo esto es una visión optimista. No existe tal interruptor y los humanos son, básicamente, animales sociales que como las manadas de ciervos o las camadas de leones actúan en grupo a las órdenes de un líder. O vences al líder y ocupas su lugar o abandonas la manada. Lo raro y anormal, definitivamente, es ser, en todo momento, individuo. Empiezo a pensar que es algún tipo de psicopatía.

El camino de la longevidad

sf234Las dos grandes causas que conspiran contra la longevidad según Lord Verulamio son: el espíritu interior que, como suave llama, va desgastando el cuerpo hasta matarlo, y el aire exterior que abrasa el cuerpo hasta reducirlo a cenizas. Estos dos enemigos, interno y externo, actuando simultáneamente terminan por destruir nuestros órganos al hacerlos incapaces de desarrollar sus funciones vitales.

Si las cosas son así, el camino de la longevidad es fácil. No hay más que reponer, dice el lord, el desgaste producido por el espíritu interior haciendo que su sustancia sea más densa y espesa por medio de narcóticos, por un lado, y de medicamentos que enfríen su calor interno, a base de tres granos y medio de salitre antes de levantarse, por otro.

Pero, aun así, nos encontramos expuestos a los asaltos inamistosos del aire. Eso puede aminorarse también por medio de ungüentos grasientos que tapan los poros de la piel, de suerte que no pueda penetrar por ellos ninguna partícula, ni tampoco salir. Esto impide cualquier sudor sensible o insensible y eso podría ser causa de numerosas y serias enfermedades. Un tratamiento de lavativas está por consiguiente muy indicado para extraer humores superabundantes y restablecer el equilibrio del sistema.

Laurence SterneVida y opiniones del caballero Tristam Shandy. Ediciones del Centro. Madrid 1975. Traducción de José Antonio López de Letona

Serias limitaciones

teniersUno de los mecanismos más ingeniosos de la creación artística es la «limitación creativa». Consiste en establecer un ingenio intelectual con una serie de reglas que no se pueden quebrar. Quizá el ejemplo más claro sea el de la poesía clásica, en donde el poeta se obliga a constreñir su expresión por una serie de formas predeterminadas como, por ejemplo, el soneto o —palabras mayores— la sextina. Raymond Quenau llevó también hasta el paroxismo sus ejercicios de limitación creativa escribiendo textos largos en donde prescindía del uso de alguna vocal. Naturalmente, las artes plásticas o la música utilizan constantemente este recurso, y así hay pintores que se obligan a utilizar una reducida gama de colores o músicos que deciden prescindir de la armonía.

Es evidente que el uso de la limitación creativa traza una línea que difícilmente puede atravesar el batallón de los torpes sin sufrir grandes bajas. Donde los artistas, aprovechando la limitación, alzan el vuelo, el resto pergeñamos un torpe aleteo gallináceo acompañado de cacareo y violentos choques contra el suelo.

Ese mecanismo de limitación se establece también en otras disciplinas. ¿Qué son acaso la mayoría de los deportes sino estrictas limitaciones creativas? El fútbol prohíbe jugar con las manos, el baloncesto con los pies y el béisbol obliga a golpear la pelota con un bate y no con una raqueta o una pata de jamón. Bailar la lambada no es lo mismo que ejecutar un ‘pas de deux’, de la misma manera que disparar una ametralladora virtual en un videojuego no equivale a disparar con el escopetón a la pantalla del ordenador.

La limitación creativa, en fin, no es más que una forma elegante de denominar al «reto», es decir, la base de la mayoría de los juegos humanos: ¿a dónde podemos llegar no pudiendo hacer esto?

La política es, dentro de los juegos humanos, un ejercicio estricto de limitación creativa. No se puede jugar con los pies, está prohibido embestir con los cuernos al adversario y hay cientos de reglas que obligan a los contendientes a poner todo su empeño para superar las limitaciones y crear extraordinarios espacios de convivencia y felicidad. Naturalmente, todo lo dicho sobre el batallón de los torpes cobra aquí una importancia capital. El «estado del arte» en estos momentos no invita al optimismo. A las limitaciones propias del invento los tramposos añaden las suyas propias para que pueda encajar la gallina en el perfil del águila.

En fin, que hay días tontos en los que no apetece ni practicar el verso libre y en que dan ganas de mandar el tablero de juego a tomar por culo.

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En ese la mayoría de los juegos humanos hay una enorme inexactitud, pero me temo que es un jardín en donde hoy no voy a entrar.